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¿Y si nos estuvieran engañando? Dinamarca suspende la vacunación con AstraZeneca

Nuevos casos paralizan la vacunación en Dinamarca y otros países europeos. La vacuna de AstraZeneca en el disparadero. Otras vacunas presentan también problemas. ¿Es oro todo lo que reluce?

Según informan varios medios, Dinamarca ha suspendido la vacunación de su población con la vacuna de AstraZenca, por posibles efects secundarios graves que ahora habrían salido a la luz. La Agencia Europea del Medicamento (EMA) ya ha abierto una investigación. La pregunta que nos asalta es clara: ¿Y si nos estuvieran engañando y las vacunas contra el coronavirus no son tan seguras como pretenden hacernos ver?

Las Autoridades sanitarias españolas y european no dejan de recomendar a la población que se vacune. Los colegios oficiales de médicos lo hacen, aunque se levantan tímidas voces que ya están advirtiendo de los posibles efectos secundarios de estos cóceteles preparados por las grandes farmacéuticas mundiales.

La última polémica ha llegado de la mano de la vacuna de AstraZeneca en Dinamarca. Sin embargo, Austria también estaría investigando nuevos casos graves, y habría ya ordenado paralizar la vacunación con este compuesto.

De hecho, la Dirección General de Sanidad danesa explica que ha aplicado «un principio de prudencia» y realizará una nueva valoración en la penúltima semana de marzo. Estamos en la campaña de vacunación más grande e importante en la historia de Dinamarca, necesitamos todas las vacunas que podamos conseguir. Por eso no es una decisión fácil suspender una. Pero debemos reaccionar con cuidado cuando hay evidencia de posibles efectos graves», afirmó el director de la SST, Søren Brostrøm.

Hace unas semanas también conocíamos la reacción de la Conferencia Episcopal Estadounidense alertando precisamente sobre la vacuna, esta vez de Johnson & Johnson. Y es que algunos obispos han alertado de que este compuesto ha sido desarrollado a partir de células madre obtenidas de abortos.

Según informó la prensa estadounidense, los obispos estarían recomendando a los fieles católicos evitar a toda costa esa vacuna. En este sentido se manifestó Kevin C. Rhoades, presidente del Comité de Doctrina de la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU., así como el arzobispo Joseph F. Naumann de Kansas City, responsable del Comité de Actividades Provida de la conferencia. Ambos emitiron un comunicado en el que expresaban sus dudas morales sobre el preparado de la farmacéutica Johnson & Johnson, porque «suscita cuestiones sobre la permisibilidad moral de emplear vacunas desarrolladas, probadas y/o producidas con la ayuda de líneas de células derivadas de abortos».

El último en sumarse a estas reticencias ha sido el obispo Robert Deeley de la diócesis de Portland, que ha pedido a sus feligreses que opten por otras vacunas que no sean la de Johnson & Johnson. En un comunicado, Deeley afirmó que «si alguien puede elegir entre vacunas igualmente seguras y efectivas, deberían escogerse las vacunas con la menor conexión con líneas de células derivadas de abortos». «Por tanto, si alguien tiene la capacidad de elegir una vacuna, las de Pfizer y Moderna deberían ser elegidas antes que la de Johnson & Johnson».

Por tanto, la vacuna de AstraZeneca no sería la única a evitar. Parece que la de Johnson & Johnson tampoco puede traernos nada bueno. Eso de utilizar restos de cuerpos humanos muertos para mejorar la salud de los vivos parece que tampoco puede traernos nada bueno, al margen de cualquier cosideración moral o ética.

La EMA estudia ahora, a petición de un laboratorio alemán, las bondades de la vacuna rusa Sputnik V, según informaron fuentes de la misma agencia el pasado 3 de marzo.

«La EMA evaluará los datos a medida que estén disponibles para decidir si los beneficios superan los riesgos. La revisión continua continuará hasta que haya suficientes pruebas disponibles para la formal de solicitud autorización de comercialización».

En un comunicado, la EMA afirma también que «evaluará el cumplimiento del Sputnik V con los estándares habituales de la UE en cuanto a eficacia, seguridad y calidad. Si bien EMA no puede predecir los plazos generales, debería llevar menos tiempo de lo normal evaluar una aplicación eventual debido al trabajo realizado durante la revisión continua».

Por último, conviene recordar que las personas que decidan libremente que les administren la vacuna lo hacen bajo su propia responsabilidad. Ninguna autoridad sanitaria velará por sus intereses en el caso de que los compuestos administrados provoquen problemas para la salud de la persona. De hecho, las farmacéuticas han solicitado de Bruselas la total inmunidad legal futura en el caso de que esto se produzca.

Por tanto, los ciudadanos deben saber que las grandes farmacéuticas nunca responderán legalmente por ningún posible efecto secundario de las llamdas vacunas contra el covid-19 ni ellas ni sus directivos. Al menos no lo harán en el territorio de ningún país miembro de la Unión Europea.