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Tres startups españolas desarrollarán iniciativas para un consumo responsable

La plataforma Mañana elige los proyectos más innovadores para reducir la contaminación de las ciudades, hacer que nuestra alimentación sea más responsable y potenciar los entornos rurales de nuestro país.

La plataforma Mañana, de innovación social y transformación co-organizada por IFEMA y Barrabés.biz ha seleccionado los proyectos de tres startups españolas destinados a poner fin al problema de los desechos alimentarios, la contaminación en las ciudades y el abandono de la España rural.

Tras recibir 350 proyectos de distintas startups y centros educativos, un jurado experto seleccionó el pasado jueves las distintas iniciativas en cada una de las categorías señaladas, que recibirán apoyo económico para ayudar al desarrollo de las mismas:

Sostenibilidad urbana

El primer puesto en esta categoría recayó en Recircular, una plataforma de compraventa de recursos cuyo objetivo es dar una segunda vida a los residuos, sub-productos y exceso de material de las empresas ayudando a reducir costes tanto de gestión de residuos como de compra de materias primas, y creando un impacto positivo social y medioambiental.

Poner en valor la España rural

Tucuvi fue la iniciativa mejor valorada. Esta plataforma trata de solucionar el problema de la asistencia médica y sanitaria a las personas mayores en entornos rurales, donde pueden estar más desatendidos y tener sus centros de salud a varios kilómetros. Este sector de población, además, no tiene en muchos casos acceso a telefónica móvil o internet, por lo que esta solución se sirve de la inteligencia virtual y la tecnología de voz para asistir a los mayores. Sin dispositivos ni necesidad de WIFI, este cuidador virtual puede atender a personas mayores y pacientes crónicos mediante llamadas de teléfono automáticas y personalizadas.

Alimentación responsable

El proyecto ganador fue AgroSingularity, que aporta soluciones de transformación para que productos frescos puedan convertirse en materia prima para la industria alimentaria, asegurando la calidad, seguridad y trazabilidad de todos ellos. Fabrica ingredientes en polvo naturales y locales a partir de productos y subproductos vegetales, frutas y hortalizas no valorizados.

En segundo lugar, los proyectos seleccionados en cada categoría fueron Oscillum para alimentación responsable, LabsLand para poner en valor la España rural y Hopu, en la categoría de ciudades sostenibles.

Proyectos finalistas de los centros educativos

En lo que respecta a los centros educativos, los galardones se repartieron entre una categoría de Primaria/Secundaria y otra de Bachillerato/universidades.

Todos ellos mostraron una gran capacidad creativa a la hora de proponer sus ideas enfocadas en evitar el desperdicio alimentario en hospitales (“Robot-A3”, del IES Bernaldo de Quirós) o el reciclaje de residuos orgánicos conectando empresas con excedentes alimentarios con entidades que puedan usarlos (“Shareat”, de los alumnos de bachillerato del colegio Logos International School); creando una escuela rural en la que dar a conocer a los alumnos distintos oficios que se conviertan en oportunidades laborales en la España desatendida (proyecto “Nos volvemos al pueblo”, del colegio Zola) y una Universidad Rural que busque la igualdad de oportunidades  y apueste por la cultura local y autóctona (alumnos de la UCLM).

En el reto enfocado a conseguir ciudades más sostenibles, el uso de la bicicleta como alternativa al coche en centros educativos (proyecto “El aire que queremos respirar” del IES Reyes Católicos) y una mejor gestión de los residuos generados en la industria audiovisual -rodajes de series y películas o festivales de música- (“Scrapsify”, de los alumnos de bachillerato del IES Puerta Bonita).

Los asistentes al evento de esta final, que fue abierto, gratuito y 100% digital, pudieron votar el proyecto del centro educativo que les pareció más interesante, y que recayó finalmente en el “Proyecto de Jóvenes Repobladores”, conformado por estudiantes de diferentes institutos, y cuya propuesta consistía en reactivar un pueblo reubicando a gente desempleada y en riesgo de exclusión social, en convivencia y colaboración con científicos, para el cultivo de tierras abandonadas y restauración de viviendas, en un programa laboral, de formación y reinserción.