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Quizá no lo recuerdes, hoy hace 23 años Eta secuestraba a Miguel Ángel Blanco

Miguel Ángel Blanco sirvió de inspiración al "Espíritu de Ermua" que gritó en las calles "¡Basta ya!" en contra de la banda terrorista Eta.

Miguel Ángel Blanco era un chaval de 29 años de la localidad vizcaína de Ermua, a 48 kilómetros de Bilbao. Miguel Ángel era además concejal del Partido Popular en su pueblo, cuando un buen día (más bien un maldito día) los asesinos de la banda terrorista quisieron echarle el guante y provocar con su secuestro un intento de chantaje al Estado español.

Varios días después, el 13 de julio de 1997, Miguel Ángel aparecía tirado en un bosque a las afueras de Lasarte-Oria, en la misma provincia, con dos tiros en la cabeza, malherido. Fue encontrado de casualidad en Lasarte y trasladado a toda velocidad en ambulancia hasta el Hospital Universitario de San Sebastián, donde lo atendió un grupo de médicos, entre ellos el doctor Francisco García, que nada pudo hacer por salvarle la vida. Murió al día siguiente. Mucho ha llovido desde entonces.

La noticia no pasó inadvertida para el conjunto de la población española. Todo lo contrario. Vivimos aquellos días del secuestro de Miguel Ángel con verdadera expectación. De hecho, todos recordemos aquel momento en el que coenzó a difundirse la noticia de su ejecución. Txapote fue su verdugo. Su asesino. El malnacido que lo mató. El cobarde que apretó el gatillo.

Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y el CNI trataron, sin éxito, de encontrarle durante los angustiosos días que siguieron a su secuestro, una vez que el Gobierno de José María Aznar tuvo conocimiento de las intenciones de la banda terrrorista.

La Eta quería imponer su política de acercamiento de presos a las cárceles del País Vasco, y no dudó en tratar de quebrar esta política de Estado (acordada entre PSOE y PP años antes). Miguel Ángel les sirvió de excusa. Sus restos mortales fueron trasladados a un cementerio de Galicia, debido a los constantes ataques que sufría su tumba en el País Vasco. El odio hacía mella en los amigos de sus verdugos.

Días después millones de ciudadanos salíamos a la calle para pedir a Eta que abandonara las armas. Un «¡Basta ya!» que se oyó en todas las principales calles y plazas de todos los pueblos de España aquellos días. Madrid recordará una multiudinaria manifestación en el Paseo de la Castellana donde mucha gente se pintó las manos de blanco para hacer patente su indignación por lo ocurrido. Nacía así el «Espíritu de Ermua». Su hermana Marimar tomó el relevo de la causa de su hermano. Sus padres nunca lo olvidaron. Su novia tuvo que rehacer su vida, con muchas dificultades y soportar muchas incomprensiones y habladurías.

Tal vez por todo ello los más jóvenes deban ahora comprender el daño que Eta causó a la sociedad. Los más de 870 crímenes que provocó. Eta mató a gente corriente, a periodistas, trabajadores, concejales, guardias civiles, militares, niños… causó daños irreparables en los cuerpos de miles de victimas que sobrevieron a sus terribles y cobardes asesinatos; usando la excusa de la independencia para sembrar el terror en las calles del País Vasco y Navarra (la famosa «kale borroka»), infundir temor entre sus vecinos y de paso extorsionar a sus emprendedores y comerciantes, para sacarse unos dineros con los que financiar nuevos secuestros, bombas y asesinatos. Su particular fiesta de odio, muerte y destrucción.

Sin embargo, sus fines políticos nunca fueron alcanzados, desacreditando la violencia como forma para obtener rédito político. Esa es la gran lección que debe quedarnos. La violencia nunca es la solución a los problemas. La Eta fue derrotada con el Estado de derecho, con la ley en la mano.

Hoy, quedan más de 500 asesinatos de la Eta sin resolver. Sus dirigentes y activistas cumplen condenas en prisiones españolas y francesas, además de belgas. Algunos se encuentran protegidos por la narcodictadura venezolana, otros han huído y se desocnoce su paradero. Algunos pidieron perdón a sus víctimas. La mayoría no. Sin embargo, se han beneficiado de la llamada «vía Nanclares» para su progresivo acercamiento a cárceles del País Vasco sin cooperar en el esclarecimiento de los crímenes todavía sin juzgar.

La sociedad española y las víctimas especialmente nunca se tomaron la justicia por su mano, y se dieron muestras más que sobradas de generosidad para con los criminales.

Algún Gobierno socialista quiso acabar anteriormente con esta lacra del terrorismo etarra a su manera, con los GAL. Fracasaron. No existen atajos en la consecunción de la justicia. Varios ministros y cargos políticos entraron a prisión por su vinculación con el terrorismo de Estado en tiempos de Felipe González.

Todo esto lo guardamos muchos en la memoria, y queremos transmitirlo a las generaciones venideras. Para que no se olvide. Para que no lo olvides. Para que no lo olvidemos. Memoria, dignidad y justicia. Miguel Ángel: No te olvidamos. ¡Gracias!