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¿Qué está pasando con el gran desabastecimiento? ¿Quién está ganando con todo ello?

Los precios no paran de subir y las navieras son las grandes beneficiarias de la escasez de contenedores. Los consumidores pagarán el pato y la fiesta.

La naviera danesa Maersk es una de las grandes beneficiarias de la situación actual del encarecimiento del precio de los contenedores de transporte marítimo, que se han multiplicado por 10 en los últimos meses. Contratar un contenedor de este tipo costaba en torno a los 1.500 dólares estadounidenses hace unos meses. Ahora su precio ronda los 15.000. Un verdadero escándalo que está generando una subida de precios generalizados en las materias primas a lo largo y ancho del planeta, lo que está afectando gravemente a las economías de todos los países, incluido España.

Esta es la cotización brusátil de Maersk (DKK) en los últimos cinco años. Su valor se ha incrementado en un 351% desde que empezara la pandemia, después de haber sufrido un desplome en el primer momento de la crissi sanitaria. La acción se situa actualmente en los 19.405 euros.

Los tiempos de entrega además se han duplicado. Los fletes que antes tenían un mes de duración se están haciendo en dos, con el consiguiente incremento de costes en personal de los buques y seguros. Es decir, que lo que llega, llega tarde o no llega directmente porque no puede salir de puerto. Algo desastroso por ejemplo para los alimentos.

El sector de la moda, que fabrica en China, se va a ver seriamente afectado pues las colecciones llegarán con tres meses de retraso. Esos retrasos se van a ver pronto convertidos en paradas indefinidas, lo que se va a traducir en un gran desabastecimiento que nos va a acabar afectando.

De hecho, el desabastecimiento se está haciendo notar especialmente en el sector de la automoción, donde la escasez de chips se ha hecho notar provocando la parada de la producción de varias factorías, entre ellas varias situadas en España.

De momento, faltan ya uniformes de colegios, componentes para sillas eléctricas para personas con movilidad reducida.

No obstante, el suministro de productos de primera necesidad relacionados con la alimentación de momento «está garantizado», según ha asegurado recientemente Ángel Niño, concejal delegado de Innovación y Emprendimiento del Ayuntamiento de Madrid y máximo responsable de Mercamadrid, en declaraciones al programa Horizonte de Cuatro TV.

Esto no queire decir que los precios de los alimentos no se estén resintiendo. Los precios no paran de subir, debido también al incremento del precio de la energía o los combustibles, que afecta a la red de trasnportes por carretera también.

Los expertos alertan que es necesario tarer la prodcción de Asia a Europa, que nos permita no ser dependientes de estas fluctuaciones. Pensemos por ejemplo en el sector de los chips, que se fabrican mayoritariamente en Corea del Sur, Japón o Taiwan. Pero, ¿por qué no fabricar más contenedores y bajar así su precio? El problema radica en la subida tan espectacular de las materias primas de las que se fabrican esos contendores, como el acero o el alumnio.

En la actualidad, los países que más acero producen son China, la India, Japón, Estados Unidos, Rusia, Corea del Sur, Alemania, Turquía, Brasil e Irán. El uso generalizado del acero y el dominio de China en la producción mundial del acero provoca que cualquier fluctuación en la economía china tenga un impacto importante en la industria siderúrgica a nivel global.

En este caso la pandemia de Covid-19 que provocó el cierre de la región siderúrgica de China no frenó de igual manera la demanda de acero, especialmente en la industria del automóvil y de la construcción. Y la reducción de la oferta ya contribuyó a la subida del precio del acero.

Cuando China se recuperó rápidamente del cierre, a la entrada del verano de 2020, sus principales compradores en Europa y Estados Unidos, todavía tocados por las restricciones, mitigaron ligeramente la demanda, pero poco después experimentó un importante repunte, que encareció todavía más los precios. Desde entonces, EE.UU., cuyas políticas proteccionistas para contrarrestar el poder del gigante asiático ya mantenían los precios en alza, y Alemania se sumaron al alza de este material, que no deja de subir desde agosto de 2020 y que se prevé que continúe hasta 2022.

Por este motivo las fluctuaciones en el precio del acero, por mínimas que sean, tienen grandes consecuencias económicas, tanto a nivel macroeconómico como a nivel micro. Es decir, que un aumento del precio del acero afecta desde un acuerdo entre industrias o gobiernos entre diferentes países (una planta de producción de automóviles de una marca de un país en territorio de otro país, por ejemplo) hasta las políticas de un gobierno determinado en su país o las decisiones individuales de los consumidores, como beneficiar una industria determinada (la metalúrgica o la automovilística por ejemplo) o decantarse o no por comprar un coche por su precio.

En el caso del acero, la afectación de sus oscilaciones de precio tiene unas implicaciones mucho más generalizadas que las de otras materias primas, ya que se usa en todo el mundo y lo encontramos en todas partes: en un cuchillo de mesa, en un tornillo, en una barandilla, en un coche, en un avión, en un edificio… explican desde el blog de Ferroplanes, una empresa española del sector.

La mala noticia es que tanto el precio del acero como el de los contenedores se va a mantener al alza también en 2022, con lo que no podemos esperar que la situación mejore, y debemos prepararnos para el desabastecimiento de materias primas que provengan de lejos y requieran el transporte marítimo. Debemos prepararnos como consumidores a que seremos los que acabaremos pagando el pato y la fiesta.