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Palabras olvidadas

Palabras olvidadas, palabras recordadas... Democracia y libertad. Guerra y Paz. Se suelen combinar de dos en dos. Las conjugamos sin pensar en la conjugación. Por Bozhana Stoeva.

Bozhana Stoeva es experta en ciencia política y relaciones internacionales, gestión e internalización de empresas.

Un antiguo puente por encima del río Neretva une las dos orillas opuestas de una ciudad en los Balcanes. Una piedra tallada recibe y despide a aquéllos que lo cruzan. Ni tan grande ni tan pequeña, a veces atrae la mirada, a veces permanece imperceptible. Asemeja un guardián incansable que avisa en imperativo. Unas mayúsculas letras blancas susurran en inglés, “DON´T FORGET ´93”. La ciudad es Mostar. El puente se llama Stari Most.

Stari Most es un puente otomano, construido en el siglo 16 por orden del Sultán Solimán el Magnífico y a petición de los habitantes de Mostar.

“Stari” significa “viejo”, “Most” es puente. El Viejo Puente. Era un viejo puente. Ya es un puente joven. Lo único antiguo son el nombre y la historia que musita.

El río Neretva separaba las dos partes de Mostar. Los turcos irguieron un puente de piedras para facilitar la conexión. Los cristianos y los musulmanes empezaron a desplazarse y relacionarse con mayor facilidad. Stari Most unía las dos culturas y las dos creencias que poblaban las dos orillas opuestas. Los vecinos se complementaban y apoyaban. Vivían y convivían con su diversidad en paz y armonía.

Se entendían… Hasta que estalló una guerra. La provocaron los intereses y el ego insaciable de un dictador totalitario. Nadie se apiadó del antiguo puente otomano, ni mucho menos de los habitantes. Las bombas no tuvieron piedad. El puente no se salvó. Se derrumbó y se desvaneció en el agua azul-verdosa del río. Perdió las viejas piedras. Nunca las recuperó.

Los disparos dejaron de escucharse en Mostar. Las bombas cesaron de caer por encima del río Neretva. Aquella guerra acabó, quedó atrás en el pasado no tan pasado. Las heridas han cicatrizado, mas siguen doliendo. El recuerdo lacerante divide lo inseparable antes.

El puente se reconstruyó. Volvió a conectar las dos partes de la ciudad que ya se unen sin juntarse. Los vecinos se observan sin relacionarse. Han perdido la convivencia apacible. Conviven sin convivir. Stari Most conecta sin conectar. Marca la línea imperceptible de la perceptible división. Al cruzarlo muy pocos son aquéllos que comprenden el imperativo de las letras blancas grabadas en la piedra. Advierten de la atrocidad de un mal invencible, la herencia eterna de los conflictos sangrientos. El odio y la división.

Las guerras acaban. El odio que divide, no. Perdura. No conoce la empatía y la compasión. Las atrocidades que provoca se comenten sin distinción de lo bueno y lo malo, de tener razón o no. La crueldad inmensurable se convierte en arma de los agresores y los agredidos. Se olvida el respeto y el aprecio al ser humano.

Aquella piedra en el Viejo Puente de Mostar no se cansará de repetirlo. Si se quiere comprender. “DON´T FORGET´93”.

Tan rápido se olvidó. Se guardaron en los archivos las imágenes de guerras muy cercanas en términos geográficos y cotidianos. 1991-1999, guerras en los Balcanes. Desde 1992 continuos conflictos post-soviéticos, Georgia, Ucrania, Armenia, Azerbaijan… Países afectados sin ganadores. Refugiados en las fronteras de los estados vecinos. Pérdidas humanas, dolor insuperable, heridas que cicatrizan sin cerrarse.

Se olvidó sin más… Palabras tan al uso del uso se sacaron. Atrás quedaron los años cuando los regímenes totalitarios comunistas se descomponían y se restauraban las democracias. En Europa se volvía a hablar de ampliación e integración de los estados que anhelaban la democracia y la libertad. No tardaron en aparecer los miedos a los nuevos integrantes. Se les miraba con hostilidad, se les tenía rencor por venir a llevarse aquello que en exclusiva pertenecía a los miembros del Club VIP.

Los países de Europa del Este reavivaron los acontecimientos de unos años anteriores cuando España y Portugal, y un poco antes, Grecia, solicitaban la adhesión. Provocaron los mismos miedos, las mismas reticencias. Hasta a Grecia, España y Portugal se les había olvidado cuando ellos se encontraban en el rellano sin abrirles la puerta y aspiraban a consolidar sus democracias.

Entre discusiones, retrasos, restricciones, los países de Europa del Este consiguieron lo anhelado. Primero la adhesión a la OTAN, después la integración a la Unión Europea. Las noticias tornaban alrededor de la ampliación, de los riesgos y las desventajas. Se mencionaba alguna u otra ventaja, o alguien más sensato, se atrevía a recordar que la ampliación de la Unión Europea no suponía ninguna amenaza. Los invasores inmigrantes no desplazaron a la población comunitaria. Al revés, se ocuparon de las tareas que los locales preferían no desempeñar.

Se analizaban los regímenes totalitarios. Se explicaban. Se hablaba de democracia, consolidación de las democracias, derechos fundamentales, libertades… Requisitos básicos de ser un miembro de la Unión Europa. Condiciones de entrar en la OTAN.

La Unión Europa se amplió. Los antiguos estados miembros se reconciliaron con los nuevos integrantes. Al integrarse, los países de Europa del Este, a su vez, se distrajeron de los objetivos principales de estar en la Unión Europea.

Se olvidó la esencia de la Unión Europea y la OTAN. Una se creó para impedir las guerras, y la otra para defender a los estados miembros de las amenazas militares y velar por la seguridad y la cooperación.

El entendimiento de la Unión Europea se reorientó a ventajas económicas. No se mencionaba porqué y cómo se fundó. Los derechos que garantizaba a los ciudadanos europeos se daban por sentado. Se aspiraba a más, y más, y más bienestar económico. Y cuando algo iba mal a nivel nacional, los políticos se justificaban con Bruselas. Camuflaban una decisión u otra detrás de la Comisión Europea.

Los pormenores cruciales se escondían entre las directivas, los reglamentos y los actos legislativos. Se omitían. Los asuntos importantes son competencia de los estados miembros. La Comisión Europea establece el marco y recomienda. No impone. Las reglas se adoptan a base de un consenso, dejando una flexibilidad de maniobra y toma de decisiones.

La OTAN se quedaba más al margen. Se consideraba un asunto específico. La esencia de la organización se diluía entre los asuntos mundiales. A los políticos concernía ocuparse de los temas de seguridad. Como si nadie se interesase porque los países de Europa del Este aspiraban a integrarse en la OTAN. Más allá del prestigio y el privilegio que conllevaba, implicaba algo aún más crucial. La defensa ante un particular enemigo. Los países occidentales tardaron en comprenderles y percibir la gravedad del peligro que su pasado comunista no les permitía sentirse a salvo.

Rápido se olvidó. Ni siquiera han transcurrido treinta años cuando, no tan lejos del Viejo Puente en Mostar, comenzó otra guerra. Las causas no defieren. La ambición personal en combinación con las visiones imperialistas y comunistas de otro dictador totalitario. Se lleva en Ucrania. Muy cerca de los Balcanes, en una de las orillas del Mar Negro.

Palabras olvidadas emergieron del olvido como si se hubiera rebobinado una película soviética sobre la Segunda Guerra Mundial. Los ideales comunistas y la lucha contra el opresor nazi argumentaban la guerra en Ucrania con matices poco diferentes.

Se rescataron del olvido los libros olvidados. Se rebuscó la tipología de los regímenes, elaborada por Juan Linz. “Totalitarian and Authoritarian Regimes” (Juan J. Linz, Lynne Rienner Publishers, 2000), una lectura obligatoria en la ciencia política. Con imágenes reales y en directo se comprueban las consecuencias del comunismo como un régimen totalitario.

La tragedia hizo que se regresara a los fundamentos de la Unión Europea. Resonaron las palabras olvidadas. Resonaron fuerte, hondo… Preservar la paz. Defender la libertad. Fortalecer las democracias. Mantener unida la Unión Europea. La OTAN se enfrentaba a los fines por los cuales se creó. Proteger a sus miembros y actuar uno para todos y todos para uno.

La Unión Europea regresó a los principios y los valores arrinconados. Se creó para que no haya otra guerra en Europa. Los seis países fundadores se unieron para reconstruir un continente devastado e ir construyéndolo en los siglos venideros en solidaridad y cooperación.

Una triste paradoja. Se hizo un revés al revés. Los “Padres de Europa”, Jean Monet, Robert Schuman, Konrad Adenauer, Alcide De Gasperi y Paul-Henri Spaak, ni lo plantearon ni lo contemplaron. La Unión Europea tuvo que recurrir a las armas para salvar la paz.

Desde los archivos, en una grabación en blanco y negro suena la voz de Robert Schuman.

“La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan. […] Europa no se construyó y hubo la guerra. Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho.”

Palabras olvidadas, palabras recordadas… Democracia y libertad. Guerra y Paz. Se suelen combinar de dos en dos. Las conjugamos sin pensar en la conjugación. Casi somos inconscientes de que la democracia y la libertad existen sólo con la paz.

Casualidad lingüística o no, en ruso la palabra “мир” tiene dos significados, “paz” y “mundo”. Мир в мире. Paz en el mundo. Paz en todo el mundo. Мир во всëм мире.