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Museo fuera de horario (parte I)

Te contamos este cuento que se desarrolla en tierras gallegas y lo hacemos de la mano de Bozhana Stoeva.

Donde antaño el Océano Atlántico marcaba el sendero a las oportunidades lejanas y los gallegos partían en barcos hacia un porvenir desconocido, hogaño los cruceros marcan un camino distinto. Un destino hacia Galicia en busca de secretos y oportunidades escondidas entre los callejones sin salida de su capital o dispersas por los pueblos del Sur al Norte.

Galicia, un nombre que denomina un lugar, una tierra llena de cultura y tradiciones, donde los celtas y los romanos dejaron sus huellas para que se siguiesen descifrando siglos después. Todo ello es Galicia y mucho más. Sus secretos están marcados en cada barca que sale de Vigo o desde A Coruña. En cada playa de las Rías Baixas se esconde un paisaje de aguas cristalinas y rías en forma de piscinas. Las casas de piedras del Sur gallego guardan y desvelan historias de meigas y curandeiros, y las del Norte nos dirigen a un pasado glorioso y un presente que continúa preservando la historia viva detrás de los jardines coloridos y fachadas indianas que no cesan de evocar un esplendor y una fortuna.

Si el Atlántico determina los puertos de A Coruña y Vigo, los ríos Sil y Miño llevan hacia otras tierras gallegas. Adonde todo depende y nunca se sabrá de qué. Adonde la naturaleza y la fortaleza humana de los gallegos continuarían preservando el oficio que heredaron de los romanos, cultivando las viñas por declives imposibles y con esfuerzos que limitan con lo sobrehumano.

Y en el centro de la diversidad gallega se yergue la ciudad de Santiago de Compostela, marcando el epicentro del camino de Santiago y abriendo el horizonte hacia los secretos mejor guardados de sus callejones y esperanzas a las que se llega superando los vericuetos intransigentes del Apóstol Santiago.

Siguiendo las estelas que dejaba por el camino el Apóstol de Santiago, se llegaría a la ciudad compostelana y los campos de estrellas, que se esconderían en el nombre y convertirían a Santiago de Compostela en símbolo de la fortaleza humana y el espíritu invencible de conseguir hasta lo “imposible”. El camino de Santiago terminaría en la Plaza do Obradoiro, donde los peregrinos y los turistas se acostarían en el pavimento y acabarían o empezarían un viaje interminable con las vistas más preciosas de la Catedral hacia el azul del cielo y las aguas del mar.

Y si el camino de Santiago acaba en la Plaza do Obradoiro y la Catedral de Santiago de Compostela, el camino hacia el mundo gallego, sus leyendas, tradiciones, cultura y sabiduría popular  se inicia justo allí… El destino ya está marcado, la puerta se está abriendo y al viajante le queda tan solo elegir por dónde comenzar. Con una tarta de Santiago y un café en el Parador, o visitando las playas y los pueblos celtas de la Rías Baixas o hurgando en el pasado del Norte y admirando los acantilados de las Rías Altas…