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Los bancos y las eléctricas usan la RSC para lavar su imagen ante la ciudadanía en tiempos de Covid

El nivel de postureo institucional parace no tener límites en España. El último informe de la Fundación Seres y Deloitte pone de manifiesto la falta de escrúpulos de las grandes empresas.

Que la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) es una estrategia que utilizan muchas grandes empresas para lavar su imagen no es por desgracia ninguna novedad en España. Entidades como el Observatorio de la Responsabilidad Social ha venido denunciando desde hace años. Pero lo acontecido el año pasado mientras atravésabamos el primer año de pandemia ha evidenciado la falta de escrúpulos de muchas de estas grandes corporaciones que operan en nuestro país.

Según un reciente informe, publicado por la Fundación Seres en colaboración con Deloitte, en el que han participado 71 de estas empresas (entre ellas: Banco Sabadell, Banco Santander, BBVA, Citibank, Caixabank, ING, Endesa, Enagás y Repsol, entre otras) la inversión en RSC se incrementó un 8% respecto a 2019.

En total, estas 71 empresas afirman haber aportado 1.486 millones de euros en proyectos relacionados con la RSC, siendo la mitad de ellos desarrollados a nivel nacional. Además, la mitad de todos esos proyectos se dedicaron a mejorar e impulsar la sociedad a través del colectivo infancia y juventud, fundamentalmente.

Estas empresas que se definen como socialmente reponsables afirman también habe involucrado a 180.000 empleados en un total de 24.869 de esos proyectos, 1.775 de los cueles estuvieron vinculados con el Covid-19 durante la emergencia sanitaria.

Pues bien esos 24.869 proyectos representan más del doble de iniciativas de las que se desarrollaron el año inmediantemente anterior, el 2020, y en los que destacan las empresas de finanzas (bancos), que represnetan un 17% del total de las empresas participantes (71 en total), las cuales desarrollaron ellas solitas 15.727 proyectos (del total de los 24.869), lo que supone que los bancos (muchas veces a través de sus fundaciones, vehículos fiscales más interesantes) desarrollaron un 63% del total de los proyectos. Una auténtica barbaridad. Algo fuera de serie, si no supiéramos de quiénes estamos hablando. Vamos, unos campeones de la RSC.

De hecho, si alguien dudaba del buen corazón de las entidades bancarias de este país solo tiene que girar la cabeza a derecha e izquierda, e identificar personas a su alrededor que se han visto beneficiadas por estos proyectos, ¿verdad? (Se trata evidentemente de una pregunta irónica).

Pero la cosa no queda ahí, las empresas energéticas participantes en el estudio (y que han sido mencionadas anteriormente) siguen muy de cerca a los bancos en inversión en RSC, según este informe. Han colaborado con un 38% de los beneficiarios totales de estos proyectos, que se estima fueron un total de 158 millones (no es un error: España sólo posee 47,35 millones, según datos del INE de 2020). Ya se ve que el papel lo aguanta todo. Si no se lo cree puede comprobarlo usted mismo yendo a la página 22 del informe.

En fin, que la RSC sigue siendo un tema que las empresas y el conjunto de la sociedad se toma a broma cuando en realidad existe un divorcio cada vez más importante entre la sociedad y el mundo empresarial. La gente no confía en que las empresas puedan ayudar a solucionar los grandes problemas de la sociedad, es más, se ve a las empresas como causantes de muchos de ellos. (En ese sentido cabe recordar el reciente vertido de Repsol en Perú, por ejemplo).

Esa brecha podría verse reducida significativamente mediante el establecimeinto de políticas reales en materia de RSC o a través del establecimiento de estrategias de «Creación de Valor Compartido» (la nueva RSC propuesta desde Harvard) o incluso a través de líderes y empresas que se sintieran motivados a vivir el «Capitalismo Consciente». Pero desde luego, el camino no puede seguir soportando niveles de postureo empresarial tan alto como el que pone de manifiesto el informe de la Fundación Seres y Deloitte.