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Los abrazos

Teresa Juan López es periodista, profesora de yoga y meditación, coach espiritual y escritora.

Los abrazos como gritos, las edades de los hombres, sencillas, que pierden alforjas pesadas en el camino de vuelta a casa. Este canto de leyendas, esta luz despertando apenas el día.

Los abrazos que se daban, de pecho con pecho, entre hombres y hombres, y mujeres y hombres, y ancianos y hombres, y niños y mujeres. Que anudaban territorios infinitos. Traían recuerdos de momentos compartidos. Portaban secretos verdaderos, y mezclaban estrofas y asumían versos. Ésos que duraban instantes, o resonaban como ecos, prolongados en lo fuerte de acurrucar entre los brazos. Que salían de punto a punto, y se calculaban sin cálculo, se improvisaban con ritmo. Ésos tan fragantes, y tan eternos. Tan perdidos y tan rescatados.

Los abrazos ésos que se daban, después de tiempo y entre medias. Incesantes palabras contenidas en cada suerte de alegrías. Los abrazos prietos y entregados. La sinceridad en cada búsqueda, que era un hallazgo. Recorridos que se encontraban al final de los destinos.

Ayer. Y hoy, también mañana. Espejismos necesarios, de finales forzados a encontrar sus principios. Que eran líneas de verbos, en la unión de sus esquinas. Que eran coletazos de oxígeno cuando hacía falta el aire.

Y se resolvían, en mitad de la noche o del día, como una certidumbre contenida entre suspiros. Cuando el hogar era la dicha compartida y no hacía falta decir o hacer de más, pues el silencio sostenía todo desde dentro.

Los abrazos ganados y también los recordados, los que quedaron por darse, los pendientes, los que eran punto y seguido. Los abrazos tranquilos, donde no hubo relojes, ni distancia, ni miedo, ni temblaban los pulsos ni las piernas. Los abrazos prometidos, que quedaron guardados tras los vientos y los días. Los abrazos recuperados también, escogidos también; regalados desde el alma que fue entregada.

Todos esos, al recolectarlos todos, al resumirlos todos y pintarlos de cercanía y hospedarlos en la brisa de las mañanas, en los ojos que sonríen. Todos esos, que se piensan y aparecen ahora, que se crean y acontecen siempre. Todos esos abrazos tan necesitados hoy, en el día, en la paz, en el sentir, y en las distancias.

Teresa Juan te espera en Mareas.