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Lo que no te han contado de la vacuna de Janssen

La autoridades sanitarias de EE.UU. han pedido paralizar la inoculación de este fármaco. Pero hay otras causas por las que no deberías ponerte esta vacuna.

Los medios de comunicación en España continúan silenciado en su mayoría lo que está ocurriendo con la nueva vacuna de Janssen (creada por la multinacional Johnson&Johnson). Ayer mismo, las autoridades sanitarias pidieron a la Administración Biden que detenga la inoculación de la vacuna en la población por riesgo de sufrir trombosis, después de que se hayan documentado varias muertes en el país por esta causa. Pero además, casi ningún medio de comunicación está haciendo referencia a otra causa relevante que la opinión pública tiene derecho a conocer y que tiene que ver con el modo con el que se ha obtenido esta vacuna.

Y es que la vacuna de Janssen ha sido desarrollada a partir de células embrionarias provenientes de fetos humanos abortados, tal y como denunció hace unas semanas la Conferencia de obispos católicos de EE.UU., que animó a sus fieles y a todo aquel que lo desee, a evitar este cóctel, basado también en el ARN mensajero.

La de Johnson & Johnson es la tercera que se autoriza en Estados Unidos. Se requiere una única dosis y se puede mantener a temperaturas frías normales, lo que facilita mucho su transporte y mantenimiento. Sin embargo, inocularse restos humanos procedentes de fetos abortados parece que ahora tiene efectos negativos para la salud humana. Y es que actuar en contra de la naturaleza tiene sus consecuencias.

La noticia hoy, es, sin embargo, que la propia multinacional Johnson&Johnson ha paralizado la entrega de las dosis comprometidas a los países de la Unión Europea (entre ellos España), para tratar de confirmar si existe o no relación causa-efecto entre la inoculación de la vacuna y los episodios de trombosis en mujeres jóvenes, como de hecho ha venido ocurriendo durante las últimas semanas en EE.UU.

De confirmarse este hecho, ocurriría lo mismo que con la vacuna de Astrazeneca, que ha sido retirada ya de circulación en varios países europeos, entre ellos los Países Bajos. Y es que la prudencia de sus autoridades parece mucho mayor que las autoridades españoles, que se mueven a rebufo de las directrices del Consejo Europeo.

Por su parte, la Agencia Europea del Medicamento (en la foto inferior su sede central), creada en 1995, y dotada con un presupuesto que asciende este año hasta los 385,9 millones de euros, según datos de la propia agencia, ha concluido después de sus investigaciones que las muertes ocurridas en varios países europeos después de administrar la vacuna de Astrazeneca no tuvieron relación con la administración del fármaco de Oxford.

No obstante, algunos miembros de la agencia no lo tenían tan claro y se desmarcaron de este pronunciamiento oficial la semana pasada asegurando que la vacuna no era tan «segura y eficaz» como la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) quiso hacer ver a la opinión pública. En este sentido, destacan las declaraciones al diario italiano Il Messagero de Marco Cavaleri.

Y todo ello sostenido a costa del contribuyente. Para 2021, el presupuesto total de este organismo europeo, liderado actualemente por Emer Cooke (abajo en la foto) y dependiente de la Comisión Europea, asciende a 385,9 millones de euros. Alrededor del 86% del presupuesto de la Agencia se deriva de tasas y cargas y el 14% de la contribución de la Unión Europea (UE) para cuestiones de salud pública y menos del 1% de otras fuentes, según afirma la propia EMA.

Sin embargo, el papel de esta agencia europea ya había sido cuestionado hace unos años, antes de explotara la crisis del Covid-19 y mucho antes que la OMS declarara la pandemia mundial por el SarCov-2. Al parecer, la EMA se limita por oficio a comprobar que la información suministrada por los propios laboratorios farmacéuticos es correcta y no la contrasta con otros estudios independientes. Esto es lo que parece que ha ocurrido recientemente con la vacuna de Astrazeneca.

La EMA dio por buenos unos resultados aportados por Oxford, sin comprobarlos. Es ahora, con millones de dosis distribuidas por todo el mundo y con la vacunación masiva en marcha cuando comienzan a aparecer los problemas. Unos problemas de extraordinaria gravedad, pues están provocando muertes a lo largo y ancho de toda la geografía europa.

En este sentido, cabe recordar con lo sucedido con el medicamento Acomplia, de Sanofi-Aventis, cuya autorización fue revocada por la propia Agencia Europea del Medicamento, un año después de su autorización, en junio de 2006.

Pero la EMA no es el único regulador cuyo papel ha sido cuestionado recientemente. La FDA estadounidense ha sido también objeto de duras críticas, al admitir como sponsors a los propios laboratorios farmacéuticos, que estarían financiando su actividad y a sus directivos, según han denunciado varios medios de comunicación.

En fin, que continuamos asistiendo a un espectáculo lamentable, donde las autoridades no están informando adecuadamente a la población, que acude en muchos casos despreocupada a los centros de vacunación, deseosa de recibir una vacuna cuyos efectos en la salud humana aún se desconocen.