fbpx

Lo ocurrido en la votación de la reforma laboral pone de manifiesto lo delicado de la democracia española

El Partido Popular es el gran perjudicado de lo ocurrido con el error de su diputado y el espectáculo pataleta de su portavoz en el Congreso, Cuca Gamarra y de su secretario general, Teodoro García Egea.

El pasado jueves, 3 de febrero, el Congreso de los Diputados ratificó el Real Decreto promulgado por el Consejo de Ministros presidido por Pedro Sánchez; a pesar del lío que se organizó en el hemiciclo después de que dos diputados de UPN cambiaran el sentido de su voto y votaran en contra, y después de que el diputado del PP Alberto Casero afirmara que el sistema de voto electrónico había fallado el sentido de su voto.

Las reacciones no se hicieron esperar. Cuca Gamarra acudió a la presidenta de la cámara baja, la socialista Meritxell Batet para comentarle lo ocurrido con el sentido del voto de Casero, quien sin reunir a la Mesa, eso sí, tras consultar a uno de los letrados y a los informáticos quienes les aseguraron que se trató de un error del diputado del PP y no del sistema informático del Congreso, decidió validar la votación dando así por convalidado el decreto del Gobierno. Veía así la luz la reforma laboral del Ejecutivo socialcomunista.

Dos días después, la dirección de UPN ordenaba la expulsión de los dos diputados díscolos de esta formación vinculada al PP en Navarra, mientras que dirigentes socialistas se mofaban de lo ocurrido con el diputado y los medios de comunicación recordaban los errores que éste también había cometido en el pasado. Casero pasaba así a la palestra pública y a protagonizar cientos de memes en Internet.

Pero, ¿qué es lo que nos dice todo esto? Lo ocurrido pone de manifiesto lo delicado de la democracia española. Por un lado, pone de manifiesto el elevado nivel de ideologización de nuestros representantes públicos, quienes se dejan llevar por estereotipos no razonados más que por el interés general de España. Por otro lado, pone de manifiesto el elevado poder de las cúpulas de los partidos y cómo éstas se enfadan cuando sus planes planificados en los despachos no acaban saliendo como esperaban el hemiciclo.

La petición de la dirección de UPN para que sus diputados entregaran su acta de diputado es una perversión del sistema de representación democrático que limita la libertad de voto de nuestros parlamentarios. Unos parlamentarios electos a través de unas listas cerradas confeccionadas una vez más en las sedes de los partidos políticos. Existe por tanto un divorcio entre la ciudadanía y sus diputados provinciales.

Algo huele a podrido y no en Dinamarca precisamente. El hedor proviene de la Cuesta de San Jerónimo de Madrid, sede de lo que venimos en llamar la soberanía nacional, que no es otra cosa que el patio de recreo de unos políticos sin escrúpulos que se reúnen para convalidar sus planes secretos en votaciones ficticias, sin ningún tipo de diálogo previo que tiene como escenario la cámara de representación popular española. Una vergüenza.

El sistema necesita regenerarse, empezando por la modificación de la ley electoral, que posibilite la elección de representantes de manera personal a través de un sistema de listas abiertas que disminuya el poder de las cúpulas de los partidos, la renovación de un porcentaje de la compasición de ambas cámaras opr periodos inferiores a los cuatro años (tal vez dos sea recomendable), la limitación de mandatos, el fin de los aforamientos, y la garantía del Legislativo de no inmuscuirse en las cuestiones del Poder Judicial o en otros órganos esenciales para la administración de justicia como la Fiscalía General del Estado, el Consejo de Seguridad Nuclear, o incluso el nombramiento de los directivos de Televisión Española.