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La Unión Europea debe adoptar medidas urgentes para reducir el impacto total del transporte aéreo

Un informe de la Agencia Europea de Seguridad Aérea alerta de que el impacto total de los vuelos sobre el clima es el triple del asociado únicamente a sus emisiones de CO2.

La Comisión Europea ha publicado recientemente un informe de la Agencia Europea de Seguridad Aérea (AESA) en el que se analizan los impactos climáticos del transporte aéreo diferentes al CO2. La conclusión es clara: las emisiones de los aviones no relacionadas con el CO2 provocan un calentamiento global del doble del causado por aquel.

El estudio identifica fundamentalmente óxidos de nitrógeno, hollín, vapor de agua y tipos oxidados de azufre como emisiones adicionales a las del CO2, algunas de las cuales son las causantes de la generación de estelas y nubosidad, con una alta capacidad de calentamiento de la superficie terrestre.

Por otro lado, el estudio de la AESA identifica una serie de medidas para reducir dichos impactos, centradas en tres ámbitos: las de tipo financiero o asociadas a los mercados de emisiones, aquellas relacionadas con la mejora de los combustibles y, finalmente, medidas relativas a la gestión del tráfico aéreo. Un paquete de medidas cuya implementación no se prevé, sin embargo, hasta dentro de como mínimo entre 5 y 8 años.

Para Ecologistas en Acción, la enorme magnitud de los impactos del transporte aéreo no asociados a las emisiones de CO2 exige la puesta en marcha de medidas ambiciosas de mitigación de dichos impactos de forma inmediata. En opinión de Pablo Muñoz, responsable de la campaña de aviación de Ecologistas en Acción, “las instituciones europeas ya no pueden escudarse en la supuesta falta de información para seguir retrasando la puesta en marcha de medidas. No podemos esperar cinco años para mitigar toda una serie de impactos para los que hay soluciones disponibles hoy mismo”.

Una de las medidas disponibles, propuestas por el informe de la EASA, sería la reconfiguración de las trayectorias de los vuelos, para rebajar su altitud, adaptarlas a las condiciones meteorológicas y evitar los vuelos nocturnos, como forma de evitar la generación de estelas. Según un estudio realizado sobre el caso de Japón, la modificación de las rutas de menos del 2 % de los vuelos en ese país consiguió una reducción del efecto calefactor de las estelas en cerca de un 60 %.

Por otro lado, habida cuenta de la magnitud de su impacto en el clima, resulta fundamental que las emisiones diferentes al CO2 de la aviación sean completamente contabilizadas por la industria, los Estados y los organismos internacionales, así como por la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático en el marco del Acuerdo de París.

Tradicionalmente, la industria de la aviación ha asegurado ser responsable del 2 % del calentamiento global, en un intento de minimizar su responsabilidad. Sin embargo, según un estudio recientemente publicado, si se tienen en cuenta todos sus impactos y no solo el CO2, en 2018 la aviación fue la responsable del 5,9 % del total de las emisiones generadas por la actividad humana. Una cifra enorme si tenemos en cuenta que una proporción mínima de la población mundial ha cogido un avión, como muestra el dato de que el 1 % de dicha población genera en torno al 50 % de las emisiones totales de la aviación.

Para Ecologistas en Acción, toda posible medida de tipo técnico o tecnológico debe basarse en una política estructural de reducción del número de vuelos. Según Pablo Muñoz, “la única forma real de mitigar los impactos climáticos de la aviación es volar menos. La Unión Europea debe asumir que el avión es una forma de transporte con un altísimo impacto ambiental, social y económico. Por ello, es necesario revertir las políticas de estímulo a la aviación –rescates, exenciones fiscales, subvenciones, etc.- y sustituirlas por una transición hacia un modelo de transporte y movilidad más justo y sostenible que redunde en el interés general del conjunto de la población y del planeta”.