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La libertad que está dentro

Teresa Juan López es periodista, profesora de yoga y meditación, coach espiritual y escritora.

Elegimos espacios en los que tomar los tiempos, ritmos en compañía o en soledad. Elegimos abrir o cerrar las puertas, tomar o soltar riendas, mirar de frente o de costado, con ojos elegantes. La elección surge sin agitación ni tempestades, desde los umbrales de las horas, al pie de cada camino que es una vida impregnada de pasos que avisan.

Las señales se amplifican como con lupas, en una sensación de que alguien nos toca el hombro con las yemas de los dedos. Que son tres toques; como indicando direcciones e invitándonos a seguir o a parar, según el caso.

Las señales son algoritmos que empiezan a comprenderse. Aquéllos que un día dejamos para luego, y que ahora plantan cara y no se rinden. Rincones debajo de las alfombras que desempolvamos porque hacen ruido, porque saben fuerte o rozan lo amargo. Telas de arañas antiguas, que intentan hacerse más grandes en los techos, donde no caben más  excusas, y dan bofetadas con mano abierta.

Las certezas vienen solas, con kilos de más sobre los hombros. Son lugares de aspecto amable que esconden demasiadas mentiras, las que cada uno virtió sobre su cabeza como un jarro de témpanos de hielo.

Por eso se torna muy importante reconciliarse con ellas, saber reconocer que llaman con nudillos porque no hay timbre. Hacer las paces con lo que cada uno elige, con lo que verdaderamente está dentro y dicta el paso desde la experiencia grata y desde el corazón. Tomar un sorbo de paciencia o, por qué no, quizá callar el ego y hasta la mente, de tanto martilleo incesante.

Y es que el momento exacto de conectar con la libertad que está por dentro ha llegado. La que no puede poner barreras, aunque se empeñen; la que no es espejismo ni utopía. La libertad verdadera, que no se confunde con lo que dicen otros, con lo que lees. Ni tan siquiera con lo que estudiaste. La libertad del alma, la que nunca te podrán arrebatar ni en dictaduras ni en los regímenes más crudos, evidentes o encubiertos.

Esa libertad que se hace espejo de lo que es intrínsecamente tuyo. Esa elección última y primera que te hace fuerte, que te sostiene ante los embates. Esa señal que por fin rescatas como un tesoro que llevas dentro. Y que reconoces, desde tu alegría, porque nace única y sencillamente a partir de ti.