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La idea de progreso en la modernidad

El final del siglo XVIII estuvo marcado por una ruptura de la conciencia social donde la gente comenzó a ver el futuro abierto a una gran cantidad de posibilidades.

La idea de progreso en la modernidad está estrechamente ligada a la idea de libertad o autonomía. Y es que el final del siglo XVIII estuvo marcado por una ruptura de la conciencia social donde la gente comenzó a ver el futuro abierto a una gran cantidad de posibilidades.

La idea de progreso en la modernidad contrasta con la Edad Antigua. El surgimiento de la filosofía hacia el siglo V a.C. con los primeros filósofos presocráticos, se preguntó sobre el cambio, el movimiento en la naturaleza y más tarde por ese mismo cambio en el ser humano. Del mito, a la filosofía; del “arjé” al “logos”.

La Edad Media estuvo marcada por la influencia del cristianismo en la filosofía. La Revelación y su intento de explicación racional a través de la Teología vio nacer las primeras universidades. Tomás de Aquino reconcilió Fe y Razón en el siglo XIII. Los cambios, sin embargo, se aceleraron a partir del siglo XVI, con Galileo y el nacimiento de la ciencia moderna.

La Edad Moderna es la época de los descubrimientos, de los grandes avances, que llegan hasta la Revolución francesa de 1789, pero que no terminaron ni mucho menos ahí. Es el inicio de la Ilustración, y con ella del endiosamiento de la Razón. Es por eso que “los ilustrados estaban convencidos de que acumulados todos los conocimientos y los saberes útiles conseguidos hasta ese momento, en adelante se ejecutaría un continuo, infinito progreso en el cual los verdaderos «antiguos» habrían de ser los hombres del siglo XVIII” (Scandellari, 2006).

Y, ¿cómo se define la Ilustración? Para Kant era la salida del hombre de la minoría de edad causada por él mismo. Para Kant, además, la libertad conduce al progreso. Y es en los siglos XVII y XVIII cuando el hombre piensa que la mejora de las condiciones de vida será posible en el tiempo, como de hecho después sucedió.

La idea de progreso se vincula desde entonces al conocimiento racional y se impulsa la investigación científica para dar solución a los grandes problemas de la humanidad. El pensamiento se hace así autónomo. Y no sólo el pensamiento. La autonomía tenía mucho que ver con el modo en el que el hombre decidía cómo dar solución a esos problemas y a poner los medios para ello.

Este hecho, unido a la capacidad de aprender, hará necesaria la instrucción, la educación, que permita transmitir ese saber hacia las generaciones futuras. En este contexto surge también la Enciclopedia en Francia y en la vida política el llamado despotismo ilustrado (“Todo para el pueblo pero sin el pueblo”).

Esta idea de progreso además no sólo afecta a la esfera personal, sino también como hemos apuntado ya a la esfera social y a la política. El hombre busca no ya un sentido, sino un propósito a su existencia, de acuerdo con esta mentalidad de progreso. No encontrarlo dará lugar más adelante a las corrientes existencialistas y finalmente a la negación del yo. Esas ansías de desarrollo, de libertad, de autonomía darán lugar en el siglo XIX al desarrollo de la democracia y a la introducción del sufragio universal. Es el desarrollo de la igualdad, en la máxima revolucionaria. El sufragio femenino no llegará sino hasta el siglo XX en Occidente al igual que la supresión de la esclavitud (que engarza bien con la idea de la ilustración francesa de fraternidad).

La revolución industrial del XIX fue la constatación de ese progreso material ilimitado a costa del trabajador. Esta contradicción fue aprovechada por Marx, a finales del XIX para desarrollar su doctrina, que acabaría imponiéndose con violencia extrema en la Rusia de los zares en 1917, dando comienzo al régimen comunista, que más tarde se extendió a países como China, Corea, Sudeste asiático, Europa del Este o Cuba.

La idea del paraíso en la tierra no trajo si no más muerte, más destrucción y pobreza a unas sociedades deseosas de ver cómo el progreso mejoraría las condiciones ya en esta vida, sin esperar a la futura, surgiendo así el ateísmo moderno. En el lado opuesto, la implantación del liberalismo económico sin apenas reglas de mercado dio lugar al crack de la bolsa en EE.UU. en 1929, dando al traste con la esperanza de millones de personas, que perdieron todo de la noche a la mañana.

Como se puede ver en el análisis es muy difícil situar la línea del final de la modernidad, aunque la historiografía actual traza el inicio de la Edad Contemporánea hacia finales del XVIII con la declaración de independencia de los EE.UU. o la Revolución francesa.

A partir de 1944 la idea de progreso se desvincula del concepto de autonomía (libertad), para asumir así sus consecuencias, momento en el que nos encontramos. “Si todo el mundo es libre para hacer lo que quiera, los fenómenos «en su conjunto» no son más que el resultado de las acciones de un grupo numeroso de seres humanos y las consecuencias de estas acciones” (Wagner, 2017).

Esta libertad en el plano ético y moral da lugar al relativismo. Ya no existe una verdad objetiva sobre la que referenciar la actuación del ser humano, sino que éste comportamiento únicamente atenderá a la voluntad de un ser libre, autónomo de todo mandato ético o moral externo de sí mismo, y de su propia voluntad en cada momento.