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Han abierto el Cine Hotel Paradiso

Corren tiempos difíciles para los aficionados al cine porque con nuestras salas, nuestro último bastión, también están empezando a hacer cosas raras.

A Carmen Martínez de la Peña le gustan las películas y las patatas fritas con trufa (lo demás es una tapadera).

Un sentimiento de profundo desconcierto embarga a los cinéfilos del mundo en los últimos tiempos. Cada vez con más frecuencia nos vemos obligados a dar “pequeñas clases magistrales express” sobre historia del cine a nuestros allegados y conocidos, respecto de cuestiones antaño evidentes y pertenecientes a la cultura popular.

Todos nos hemos sentido perplejos cuando hemos tenido que explicar pacientemente a algún espectador despistado, por qué existen películas en blanco y negro. “No, el director no estaba triste cuando rodó la película. Tampoco se equivocó el cámara a la hora grabar. No, verás, es que en el caso de cintas muy antiguas, no se rodaba en color simplemente porque no se podía. Aunque en algunos casos, y después de la invención del color, muchos directores han elegido voluntariamente seguir haciendo películas en blanco y negro”.

La vida del cinéfilo es dura, solitaria y frecuentemente marcada por la incomprensión. De vez en cuando, nos sorprendemos a nosotros mismos deambulando por algunos centros comerciales, aparentemente sin rumbo fijo, pero acercándonos discretamente a aquellas secciones que están en vías de extinción, las de los DVD clásicos, que irremediablemente suelen encontrarse en una esquina de difícil acceso (siempre “al fondo, a la derecha”), sabiendo que tendremos que enfrentarnos a las miradas inquisitivas de los demás clientes, que no solo no entenderán que hacemos mirando ese extraño objeto que tenemos en nuestras manos (el DVD de “Historias de Filadelfia”), sino que se preguntarán por qué no cierran directamente la referida sección.

Corren tiempos difíciles para los aficionados al cine porque con nuestras salas, nuestro último bastión, también están empezando a hacer cosas raras. El otro día leí que en París, capital mundial de la cinefilia por excelencia, han abierto un Hotel en lo que antes fue un cine y que, según dicen, hará las delicias de todos nosotros. No sé si la idea me convence.

Ciertamente, han tenido el detalle de llamarlo Hotel Paradiso, en honor al filme de Giuseppe Tornatore, y lo definen en la web como el primer “Cine-Hotel”. No sé si me gusta. Todas las habitaciones tienen pantallas gigantes y las Suites tiene salas para proyecciones privadas.

Después de un rato navegando por la web, agarrada a un clavo ardiendo y con la esperanza puesta en no tener que leer ninguna aberración, al final mis peores predicciones se han cumplido, y he visto que en las habitaciones garantizan acceso ilimitado a miles de films, pero también a Netflix, Disney + y Playstation 5.

Me lo temía…