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Expertos piden que Bélgica reconsidere el abandono de la energía nuclear

Al contrario de lo que pueda parecer, la energía nuclear no emite CO2 y ayuda a evitar el efecto invernadero en la atmósfera.

Lo que sale de las torres de refrigeración es vapor de agua, inocuo para la atmósfera y para cualquier forma de vida. Es lo que ocurre en todas las centrales nucleares del mundo que poseen estas torres que tienen como finalidad enfriar el agua del circuito, que sirve para generar la electricidad. Sin embargo, la fama de la energía nuclear no pasa por su mejor momento. Existe un rechazo generalizado en Europa, en buena parte alimentado artificialmente por intereses económicos de determinados grupos de presión que están alcanzando sus objetivos. Mientras tanto, la factura de la luz no deja de incrementarse.

La energía nuclear, además de ser segura, posee enormes beneficios medioambientales y económicos. Es la única capaz de garantizar el suministro cuando otras fuentes, como la eólica o solar, no producen energía. Es capaz, como ya hemos dicho, de no generar emisiones contaminantes de CO2 a la atmósfera. Es barata y además, España posee los mejores profesionales del mundo. Sin embargo, estamos pagando el megavatio/hora más alto de la Unión Europea y posiblemente del mundo.

¿Por qué los políticos no se rinden a la evidencia? ¿Por qué toman decisiones contrarias al sentido común? Y no sólo en España ocurre esto, motivado en buena medida por la agenda ideológica de extremaizquierda que guía las decisiones de un Ejecutivo precario (precarios son sus apoyos parlamentarios y precario su nivel intelectual), esto mismo ocurre en países como Bélgica.

El parque nuclear de Bélgica consta de siete reactores de agua a presión: cuatro unidades en Doel y tres en Tihange. En 2003 se aprobó una legislación que limitaba la vida útil de esos reactores a 40 años y prohibía la construcción de nuevas unidades. Si bien el Gobierno acordó más tarde prolongar la vida de tres unidades (Doel 1 y 2 y Tihange 1, que comenzaron a operar comercialmente en 1975), reafirmó en septiembre de 2020 la fecha de eliminación gradual de la energía nuclear en 2025.

Pues bien, un grupo de jóvenes expertos ha alertado al primer ministro belga de las pésimas consecuencias de la decisión de su Gobierno de elminar por completo el parque nuclear en 2025.

Estos expertos aseguran que “la decisión del Gobierno (belga) de eliminar gradualmente la energía nuclear, la primera fuente de energía baja en carbono en Bélgica, y financiar nuevas centrales eléctricas de gas fósil a través del mecanismo de remuneración por capacidad es paradójica y contraproducente”.

Esta decisión [en referencia al abandono de la energía nuclear], continúa la carta, “no haría más que reforzar el predominio de los combustibles fósiles en el panorama energético belga. La creencia de que las centrales nucleares deben cerrarse para que se desarrolle la energía renovable es simplemente un falso dilema. Otros países como Finlandia, Reino Unido o Canadá han optado por desarrollar su transición energética sobre estas dos fuentes de energía bajas en carbono”.

Además, indican en su misiva que “la energía nuclear es la primera fuente de energía baja en carbono del país”. Por ello, pide la operación de los reactores belgas durante una década más.

En la carta este grupo de expertos cita al Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) y a la Agencia de la Energía Nuclear (IEA) indicando que en los informes, estudios y escenarios climáticos de estas organizaciones “la energía nuclear es un elemento clave de la transición energética para el reemplazo de los combustibles fósiles”.

¿Hará caso el Gobierno belga a estas advertencias?