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Esta tierra que pisas

Teresa Juan López es periodista, profesora de yoga y meditación, coach espiritual y escritora.

De los movimientos precisos de astros y luna, de soles que cuentan los días. De las agujas de los relojes marcando la hora correcta. De andar sin conocer el siguiente paso, con confianza ciega en la Madre Tierra, siguiendo la intuición perfecta que palpita dentro del pecho. De sucesos del pasado que encajan exactamente con el presente, y curiosamente también con el mañana. De vida sencilla, más cercana a la naturalidad, que elimina las máscaras. De esos tantos regalos que dulcifican la vida y que permiten comprenderla más, suavizarla más; en los que se aprende a reconocer sus regalos.

De todos esos nuevos lenguajes y comprensiones sublimes se nutre la tierra ahora. Como con un nuevo ropaje, una nueva conciencia que irradia mensajes cifrados. Aparentemente el mismo tablero de juegos divino, aunque una fórmula distinta de sentir, de observar y experimentarlo todo.

La nueva baza del ser humano al enfocar el prisma de la realidad con una lente donde se comparte. Que mira a los ojos y se emociona, porque reconoce lo que tiene enfrente, y lo que está más allá.

La estructura elegante que lo engarza todo, acercando lo que estaba distante, empatizando con el otro. Y abrazando. Y dejándolo todo para hoy, porque no sabemos cómo será mañana. Y apreciando cada destello con actitud de reverencia. Porque la grandeza da sentido a los gestos más nimios. Porque la belleza se respira con el oxígeno ahora. Y la pureza transforma en sabios a los que deambulan perdidos y sin dirección.

Esta tierra que pisas con actitudes nuevas, dejando atrás las arrogancias. En la que luchas, sí, pero no como objetivo último, sino porque el prisma debe gozar de todas las caras. Y las oscuras se enfrentan con la verdad por delante y mucha mano derecha que es capaz de sortear los obstáculos. Las pruebas son exigentes a veces (de eso se trata). Los golpes indican caminos nuevos no transitados que abren fronteras y rumbos de vida, que deben siempre ser tomados como impulsos a la evolución.

La queja, la culpa y la duda quedando atrás, como nubes que pasan sin descargar lluvia. Superarse, sí. Y reconocerse. Recordarse siempre como el que pudo también con los nuevos reveses.

Para encontrar la salida creativa a los juegos del cielo. También, y sobre todo, para gozar del deleite de bondades y prosperidad de la amada tierra.