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Eric Frattini (Trex Exploring): “Nuestra misión es hacer realidad sueños que antes eran imposibles”

Entrevistamos a Eric Frattini, periodista, escritor, explorador, y de manera más reciente emprendedor.

Eric Frattini es periodista, escritor, explorador, y de manera más reciente emprendedor. Ha participado en dos Camel Trophys en Borneo’85 y Australia’86 y dos París-Argel-Dakar 1986 y 1987; trabajó también como corresponsal de guerra en 17 conflictos; muchos de los cuales los cubrió para la Cadena SER. Es experto en terrorismo yihadista y espionaje.

A lo largo de su vida ha pisado más de 100 países y hasta atravesó el Océano Pacífico a bordo de una balsa de juncos durante cuatro meses y 22 días. Ha escrito 30 ensayos políticos y cuatro novelas que han sido publicados en 42 países en 16 idiomas distintos. Hablar con este peruano-español, afincado en España desde su más tierna infancia, es no dejar de asombrarse.

Con sus 58 años dice sentirse especialmente satisfecho de todas y cada una de estas experiencias que ha ido atesorando a lo largo de su vida. Y no es para menos. Incluso alguno de sus libros trata la figura de algunos papas y las corruptelas en los Palacios de la Santa Iglesia, por lo que se ha ganado también el título de experto «vaticanista».

Hace pocos años montó, junto con su actual socia, Araceli Aranda, una empresa muy particular llamada Trex Exploring, especializada en la organización de expediciones a los lugares más recónditos del planeta, encabezadas por importantes personajes del país, patrocinadas por grandes empresas que buscan devolver, a través de la RSC, parte de lo que recibe de ésta. Algo que le va como anillo al dedo. Se le nota nada más hablar con él del proyecto.

Eric, tienes 58 años y has hecho prácticamente de todo, en el mundo del periodismo, la literatura, la universidad… haciendo un poco balance personal de todos estos años, ¿de qué te sientes especialmente satisfecho, si es que uno se puede sentir así en algún momento de la vida? ¿Es tu caso?
Me siento especialmente satisfecho de todo. Llegué desde Lima (Perú) en el año 1964, con tan solo 9 meses y no fue hasta 1971 cuando a mis padres les ofrecieron hacernos todos españoles. Mi padre fue quien introdujo la ‘lente de contacto’ en España. En aquellos años no había tantos problemas como ahora para solicitar la nacionalidad. Ya con 16 años comencé a trabajar, limpiando en una fábrica en el pueblo de El Molar, muy cerca de Madrid, y con 17 mientras vendía libros en la editorial jurídica ‘La Ley’ me dedicaba a colaborar gratis en la revista «Ahora», cuyo director era Santiago Carrillo y en un periódico que duro un suspiro llamado ‘Liberación’. Carrillo fue quien realmente me dio la primera oportunidad en periodismo. Finalmente, en 1985 accedí a la Asociación de la Prensa de Madrid por los años que llevaba ejerciendo periodismo. Este año he cumplido 37 años en la Asociación.

Realmente creo que hay dos tipos de personas: los que nacen con estrella y los que nacen estrellados. Y yo claramente he nacido con estrella. Con 21 años trabajaba como fotógrafo del Camel Trophy, un duro rally/aventura, que comenzó a celebrarse en 1980 y que se mantuvo hasta el 2000. En el rally participaban varios equipos de dos pilotos que representaban a varios países en una competición durísima con Land Rover. Era una auténtica aventura y yo estuve trabajando como fotógrafo de acción en tres de sus ediciones. Tres años después, fui fotógrafo de una expedición en la que atravesamos el Océano Pacífico en una balsa de juncos, una réplica de las embarcaciones del 200 a.C. Tardamos cuatro meses y 22 días en completar la hazaña.

Después volví a España y trabajé como jefe de prensa de Los Albertos (Alberto Cortina y Alberto Alcocer). Ambos estaban casados con las hermanas Koplowitz, Alicia y Esther. Con ellos estuve trabajando un año hasta que trascendieran a la prensa las famosas fotos de Alberto Cortina con Marta Chávarri en Viena, que publicó la prensa del corazón. De aquello salimos todos los responsables de prensa. Yo salí de la compañía con una indemnización muy fuerte y decidí gastármelo todo marchándome al Líbano como corresponsal de guerra, para cubrir el cruento conflicto que tenía lugar allí desde hacía años. Y ahí tuve suerte porque empecé a mandar crónicas diarias a la Cadena SER, hasta que decidieron ficharme como corresponsal ‘oficial’ para Oriente Medio de la SER, el diario Cinco Días y Canal Plus y el diario El País, para dar asistencia al corresponsal de entonces, pero ya en Jerusalén; donde estuve trabajando otros cuatro años.

Después, acabé saliendo de la SER y terminé trabajando en Nueva York, en una emisora de radio de Puerto Rico y ganándome la vida como podía, hasta que la suerte volvió a llamar a mi puerta. La llegada de un nuevo secretario general de Naciones Unidas llamado Javier Pérez de Cuellar, que era peruano. Éste se llevó a mucha gente de su confianza a la ONU y así acabé yo trabajando para él, primero en el Departamento de Protocolo y después ya me fui a cubrir guerras, que es lo mío, como jefe de la Segunda Unidad de Televisión de Naciones Unidas (UNTV).

«Carrillo fue quien realmente me dio la primera oportunidad en periodismo»

¿Por qué la guerra?
Bueno es que alguien tiene que informar de ella. Está muy bien informar de otro tipo de cuestiones pero es que alguien tiene que hacerlo, además, porque eso se está dejando a parte. Lo hemos visto por ejemplo en la guerra de Ucrania, aunque empieza ya a haber periodistas más serios sobre el terreno que comienzan a informar de lo que realmente está pasando allí.

Me sorprendió, por ejemplo, ver a una periodista de una importante cadena de televisión el primer día del conflicto, nada más entrar las tropas rusas en Ucrania. Iba cubriendo el conflicto siguiendo a los refugiados que huían del frente. Y claro me quedé pensando: «Lo que tendrías que hacer no es huir sino quedarte para informar». Si el periodista huye, la gente no puede saber lo que está pasando allí.

Luego, una serie de corresponsales comenzó a protestar porque alegaban que los rusos les disparaban. Y claro, eso es lo lógico en cualquier guerra. No conozco ninguna donde al periodista se le invite a estar. En todos los conflictos que he cubierto siempre me han disparado. Nunca me han recibido con flores. Esto conviene que el periodista de guerra actual lo tenga claro. Pero bueno es que el periodismo ha cambiado.

«No conozco ninguna guerra donde al periodista se le invite a estar. En todos los conflictos que he cubierto siempre me han disparado»

Has cubierto conflictos internacionales muy importantes. Ahora, Europa se encuentra nuevamente sacudida por la guerra. ¿Cómo ves el conflicto de Ucrania? ¿Y otros conflictos sociales que están teniendo lugar en España?
Bueno lo que tengo claro es que ha habido un país que ha invadido a otro, y por tanto que unos son los que atacan y otros los que se defienden. Así que ya sabemos quienes son los buenos y quienes son los malos. Como corresponsal de guerra siempre he tomado partido en los conflictos por las víctimas. Y esas son las historias que he tratado siempre de contar. Lo malo es que los medios de comunicación ya se han polarizado mucho. Y sabes un poco lo que te van a contar antes incluso de leer o ver un medio.

En España, ya que me preguntas, hemos visto esto con la huelga de transportistas. Cómo los medios han estado cubriendo las informaciones. Vemos como sube el precio de la luz cada día también, no sólo los combustibles, y nadie dice nada. Nadie protesta. Los medios han perdido esa capacidad de denuncia porque están atocinados. Y luego afirman sentirse sorprendidos cuando el CIS afirma que los periodistas son el sector social «menos valorado» por los ciudadanos.

¿Se puede decir que también tienes una vocación empresarial que estás cultivando más recientemente? Lo digo porque pusiste en marcha hace algún tiempo una consultora llamada Trex Exploring. ¿Puedes explicar brevemente en qué consiste el proyecto?
Trex Exploring lo creé por un accidente en mi vida. He sido escritor los últimos 14 años del Grupo Planeta. En 2014 uno de mis mejores amigos, Luís Miguel Rocha, un escritor portugués me dice que le duele el estómago, y al final le detectan un cáncer muy agresivo. En marzo de 2015, fallece a los 39 años. Fue entonces cuando decidí subir a la cumbre del Kilimanjaro (Tanzania) acompañado de cinco mujeres que hubieran superado un cáncer. Comencé entonces a llamar a muchas puertas buscando financiación. Fueron muchas las empresas con las que contacté, pero fue Pelayo Seguros la primera que decidió sumarse al proyecto, creando así el «Reto Pelayo Vida». Y el 29 de septiembre a las 6:15 hora tanzana, hicimos cumbre en el Kilimanjaro. Entonces se presentaron 44 candidatas, todas ellas supervivientes de cáncer. Lo hice como un tributo a mi amigo, pero Pelayo entonces me propuso el año siguiente repetir la experiencia, debido al éxito que había tenido la primera edición y fue su entonces presidente, José Boada, quien contactó conmigo para preguntarme a ver qué hacíamos. Le propuse entonces hacer algo con el deporte de la vela. Hablando un día con Diego Fructuoso, entrenador del equipo olímpico de vela y tripulante de la Volvo Ocean Race, se nos ocurrió coger un velero de 40 toneladas y otras cinco chicas y hacer un cruce atlántico entre Tenerife y la isla caribeña de Martinica. Lo hicimos y cruzamos. Fue un éxito que acabó en un documental para Discovery Channel. De aquel éxito nació Trex Exploring. Hoy es ya una realidad. Hemos organizado más de 20 expediciones en estos últimos siete años; hemos recibido premios de la NASA, la Armada, la Asociación de la Prensa, de asociaciones de marketing; hemos producido documentales para National Geographic o Discovery Channel y preparando ya nuevas expediciones para este año y para 2023.

¿Y qué vino después?
Bueno, este año cumplimos la octava edición del «Reto Pelayo Vida». Después del Atlántico, llevamos a las siguientes candidatas al Polo Norte en 2017, al valle del Annapurna en 2018, a los Andes en 2019, a circunvalar la Península Ibérica en un V70 de la Volvo Ocean Race en 2020, y a unir en un gran velero el puerto de Vigo con el paralelo 66, el Círculo Polar Ártico, en 2021. Este año las cinco seleccionadas de entre casi 400, tendrán que superar un gran reto deportivo en Jordania. Rápel, MTB, escalada y buceo en el mar Rojo. Ya son más de 1800 las mujeres que se han presentado al reto y espero que esta cifra siga aumentando año tras año, ya que eso querrá decir que muchas mujeres han superado el cáncer.

¿A qué se dedica Trex Exploring entonces?
Trex Exploring es realmente una consultora que trabaja para las grandes empresas asesorándolas en proyectos innovadores con el fin de que desarrollen su responsabilidad social corporativa (RSC) de forma sostenible y desde una nueva perspectiva que permita mejorar de manera exponencial y medible la comunicación de su marca.

Hemos diseñado grandes expediciones con mujeres supervivientes de cáncer, con niños que han sufrido de forma grave el acoso escolar, con niños y niñas de entre 10 y 13 años que están en riesgo de exclusión social, o con niños y niñas con discapacidad intelectual. Es una maravilla trabajar con ellos. Aprendes muchísimo y nos enseña a no quejarnos de gilipolleces. Desde Trex Exploring invitamos a nuestros clientes a unir grandes desafíos con organizaciones y fundaciones que necesitan más visibilidad en la sociedad y les ayudamos a lograr sus objetivos de comunicación mediante la labor en los medios informativos.

Nuestra misión es hacer realidad sueños que antes eran imposibles para mucha gente, contribuir al desarrollo de una RSC sostenible e impulsar que la difusión de los proyectos en los medios de comunicación sea lo más amplia posible. Trex trabaja realmente para mejorar la calidad de vida de las personas que participan en los proyectos y difundir mensajes positivos que lleguen a toda la sociedad.

¿Con qué gente te has hecho acompañar en esta aventura y hacia qué tipo de público orientáis vuestros servicios?
Pues cuando decidí montar la empresa, me uní a Araceli Aranda, que es mi socia, que sabe realmente lo que es hacer realidad un proyecto empresarial de este tipo, no como yo que he estado siempre en «campo de batalla»; y entre los dos montamos Trex Exploring. Y a partir de entonces, empezamos a tener muchas solicitudes.

Hemos llevado a niños de acoso escolar grave a escalar el Machupichu (Perú) y a señalizar con GPS las grandes boas del Amazonas; nos hemos llevado a 100 niños en riesgo de exclusión social (de entre 10 y 13 años) del programa Caixaproinfancia, a una expedición por España para ver «los cinco grandes españoles» (el oso pardo, el lobo ibérico, la cigüeña negra, el águila real y el lince ibérico) en sus distintas localizaciones. Hablamos de chicos que nunca habían salido de su barrio, de situaciones realmente complicadas. Hemos hecho una expedición preciosa para Quironsalud en la que 5 trabajadores del grupo pedalearon entre Madrid y Málaga por etapas, ayudados por un grupo de ciclistas de la Fundación Alapar, con discapacidad intelectual. Para mi fue una experiencia única ver como unos enseñaban a otros, y que a veces tú eres más discapacitado que yo en según qué situación. Todas estas expediciones son recogidas además en grandes documentales que después se emiten en canales como National Geographic, Discovery, Eurosport, Marca o TVE.

¿Crees que el mundo de la RSC poco a poco irá ganando más importancia en el mundo empresarial, en la medida que las personas somos un poco más conscientes cada día de la vida que nos ha tocado vivir y del papel de los demás en nuestra propia vida?
Sin duda. La RSC es ya una forma de publicidad y de marketing para las empresas. Lo que ocurre es que como consumidores no queremos que las marcas nos vendan su producto sin más. Lo que queremos es escuchar historias con nombres propios, con propósito. La gente no quiere, por ejemplo, escuchar a una empresa intentando venderles un seguro, o un producto financiero o un detergente. Por ejemplo Pelayo, con el Reto Pelayo Vida, cuenta algo distinto, una historia realmente diferente con la que poder sentirse identificados y dentro de los valores de la propia empresa.

Nosotros desde Trex Exploring, por ejemplo, les ayudamos a eso. Lo que Trex hace es dejar que la gente que participa en las expediciones hable, y cuente su experiencia de superación ya sean con un cáncer, una discapacidad o una situación como el acoso escolar. Y que lo hagan además en los grandes medios de comunicación. Mi socia y yo somos los mecánicos que lo hacen posible, pero nosotros no tenemos nada que contar realmente. Es la gente que participa en nuestras aventuras la que tiene todo que decir.

También queremos difundirlo y para ello hemos cerrado hace poco tiempo con RTVE para que emitan los documentales del ‘Reto Pelayo Vida’ y posteriormente con Amazon Prime para que los incluya en su plataforma. La idea no es ganar dinero con ellos, sino ganar difusión y que esas historias de héroes y heroínas desconocidas se conozcan. Ese es nuestro reto. El reto de Trex.

Desde Trex asesoráis a las empresas sobre cómo aplicar la fiscalidad en este tipo de expediciones.
Así es. Cuando las empresas nos contactan y nos piden ayuda para canalizar fiscalmente estas donaciones que recibe el programa o sobre cómo encajar su participación en su estrategia de Responsabilidad Social Corporativa. Nosotros también les ayudamos con todo esto.

Estamos hablando también, por ejemplo, de ayudar en todo lo que tiene que ver con la creación de “Acontecimientos de Excepcional Interés Público”, y que la Ley de Mecenazgo prevé la aplicación de importantes beneficios fiscales a las empresas que se adhieran a esos sellos. En fin, todo eso hacemos. Pero mira, también al final hay empresas que no quieren que se sepa nada de lo que hacen en estos programas de RSC, y que no trascienda su participación. Tenemos de todo, la verdad.

«La RSC es ya una forma de publicidad y de marketing para las empresas. Lo que ocurre es que como consumidores no queremos que las marcas nos vendan su producto sin más. Queremos escuchar historias con nombres propios»

¿Con qué frase querrías terminar esta entrevista?
Con el lema de Trex: «No sueñes. Haz que suceda»; y que creo que es un gran resumen de lo que hacemos y de lo que ha sido mi vida. ¡Ya veremos que me deparan mis próximos 58 años!