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El vertido de Repsol en Perú, el peor desastre ecológico de la historia reciente del país

Repsol invierte el 48% de su publicidad de lavado verde y en falsas soluciones mientras sigue manteniendo un 78% de su negocio en petróleo y gas.

El pasado 15 de enero, tuvo lugar un vertido de petróleo en la costa de Perú. El crudo procedente de una refinería operada por Repsol ha llegado ya a 20 playas desde Ventanilla hasta Chancay y comprometiendo el ecosistema de las Áreas Protegidas Zona Reservada de Ancón y los Islotes de Pescadores, perteneciente a la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras. Este vertido en las últimas horas sigue su avance impulsado por la corriente amenazando más áreas de costa y el sustento de los pescadores de la zona y el turismo.

Por supuesto, la prensa española a pensas se hizo eco de la noticia. No es de extrañar pues Repsol es uno de los principales anunciantes de los medios de comunicación españoles. Nadie muerde la mano que le da de comer. Más allá de consideraciones mediáticas, en realidad estamos hablando de algo mucho más grave.

Se trata del peor desastre ecológico de la historia del Perú, denuncian desde los grupos ecologistas, entre ellos Greepeace. En total un millón de litros de petróleo se han derramado en el mar, en total unos 11.900 barriles de crudo vertidos al Pacífico cerca de la refinería La Pampilla, operada por la compañía, cuando descargaba el combustible de un buque frente a las costas del Callao. La mancha ha contaminado cinco reservas naturales y 20 playas, según las autoridades peruanas. La compañía por su parte afirma estar trabajando en remediar las consecuencias de este desastre, lo que va a suponer todo un reto logístico.

Según esta ONG, «este vertido no es en absoluto un caso aislado. Repsol tiene en Perú un amplio historial de impactos socioecológicos, denuncias de malas prácticas y violaciones de derechos humanos, siendo especialmente graves los impactos de su actividad de extracción de hidrocarburos en la región amazónica de Camisea, aunque la tendencia mundial de este tipo de accidentes es a la baja, los daños son muchas veces irreparables», denuncian desde Greenpeace. 

Según explica Francisco del Pozo Campos, ingeniero técnico industrial especializado en mecánica, graduado en Ingeniería Energética y responsable de gas fósil en Greenpeace, «las corporaciones energéticas como Repsol intentan fomentar la  desconexión de causas y consecuencias en la opinión pública. Nos inunda con mareas verdes de publicidad (ver fotograma inferior de la última campaña institucional de la compañía). Mandan un mensaje machaconamente, Ellos ya no se dedican a negocios sucios, nos traen la solución a la crisis climática con sus tecnologías verdes. Pero la realidad es diferente, según el informe Hechos no Palabras Repsol invierte el 48% de su publicidad de lavado verde y en falsas soluciones mientras sigue manteniendo un 78% de su negocio en petróleo y gas».

Realmente para garantizar que desastres como el de Perú no vuelvan a ocurrir y evitar los peores efectos sobre el clima el único camino es dejar progresivamente de usar petróleo y los otros combustibles fósiles como el gas. «Solo con una sociedad 100% renovable y en manos de la ciudadanía podemos conseguirlo. Para ello necesitamos exigir responsabilidades a los que contaminan y parar su maquinaria publicitaria y obligarlas a condicionar su negocio a una transición justa y rápida sin trampas ni secretos», aseguran desde Greenpeace. 

Nuestra solidaridad con el pueblo peruano, con los pescadores cuyo medio de vida se ha visto afectado y con todas aquellas personas que están limpiando y saliendo a la calle para pedirle a Repsol responsabilidades.

Por esa razón, Greenpeace exige a la compañía española lo siguiente:

  • Exigimos que Repsol haga público su Plan de Contingencia y rinda cuentas por la ineficacia de las medidas de contención desplegadas. 
  • Exigimos que Repsol deje de encubrir que pasó y se investigue y conozca la verdad.
  • Exigimos a Repsol un plan de cierre de todas sus actividades fósiles sin  trampas ni falsas soluciones y garantizando una transición justa.
  • Necesitamos quitarle el altavoz a Repsol y prohibir su publicidad y sus patrocinios.

La compañía ha puesto en marcha un portal informativo en Internet en el que pide disculpas por lo ocurrido.

Al margen de ello, los accionistas deberían exigir a la compañía una respuesta y una actuación socialmente responsable que arreglara completamente el vertido y revertiera la situación de forma inmediata.

Por otro lado, el Gobierno peruano debería exigir al Gobierno español una explicación y la Justicia de aquel país iniciar una investigación criminal contra los responsables. Josu Jon Imaz (en la foto superior) es el máximo ejecutivo de la compañía y como presidente debería viajar al país hispanoamericano de inmediato para interesarse en primera persona por la situación y entrevistarse con los directivos locales a fin de dar órdenes para que se inicie una investigación interna que determine quienes han sido los responsables y se modifiquen los protocolos que sean necesarios a fin de evitar una situación semejante en el futuro.

Las primeras reacciones a la nefasta gestión de la crisis no se han hecho esperar. Según informa Negocios TV, el banco de inversión estadounidense JP Morgan habría vendido una parte de la participación que ostenta en la compañía a través de distintos vehículos. La compañía comunicó a la CNMV el 26 de enero tras unos movimientos de compra y venta durante el mes de enero en el que estuvo tomando posiciones y deshaciendo que rebajaba hasta el 0% su participación.

Algo que no es correcto, ya que JP Morgan no tiene obligación de comunicar por debajo del 5% una participación significativa. No se conoce el porcentaje en el que se ha quedado JP Morgan, aunque no es cero, a pesar de lo que indica el registro de la CNMV.

Fuentes cercanas a la compañía consultadas por Negocios TV afirman que este movimiento que se comunicó el 26 de enero se debe al vertido producido en Perú y al estricto procedimiento de ESG aplicado a las inversiones desde la compañía y en sus respectivos fondos y vehículos de inversión. Las fuentes consultadas apuntan que en cuanto se valoró desde Estados Unidos el riesgo de la inversión y, sobre todo, la posibilidad de perder el rating ESG que tenía la compañía, se decidió por parte de JP Morgan abandonar su inversión en Repsol. En alusión a la participación directa de la compañía.

Por si esto fuera poco, el capitán del buque italiano Mare Doricum, que descargaba petróleo brasileño para una refinería operada por Repsol, acusa a Repsol de incurrir en nueve fallos tras el derrame de crudo del sábado 15 que ha contaminado al menos 21 playas en las regiones de Lima y Callao y dos áreas naturales protegidas. El desastre ambiental ha paralizado la actividad de más de 3.000 pescadores y a miles de comerciantes que daban servicios a bañistas y turistas. La marea negra avanza hace 11 días por el mar con rumbo norte, según informa el diario El País.

Repsol sostiene que el derrame de petróleo se produjo por el oleaje anómalo por un fenómeno marítimo imprevisible para la compañía provocado por la erupción volcánica en Tonga. El presidente de su filial exhibió gráficos que muestran ese oleaje anómalo de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (IOC, por sus siglas en inglés) de Naciones Unidas. Sin embargo, la primera ministra, Mirtha Vásquez, señaló el viernes que “el oleaje y el tsunami no tuvieron que ver con esta ruptura” que provocó el derrame.

Al parecer, según el capitán del barco, el mar estuvo calmo, pues el viento no superaba los dos nudos esa tarde, relató Pisani, quien refirió que su tripulación es testigo de sus afirmaciones.