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`El hombre invisible´ está de moda. Descubre por qué

Está de rabiosa actualidad el personaje ideado en 1897 por el escritor de ficción H.G. Wells que fue adaptada al cine por primera vez en 1933.

Hace unos días caí en la cuenta de que hoy más que nunca, está de rabiosa actualidad el personaje ideado en 1897 por el escritor de ficción H.G. Wells, cuya novela “El hombre invisible” fue adaptada al cine por primera vez en 1933. Su protagonista era un científico loco y ambicioso que había logrado dar con la fórmula para volverse invisible, y usaba su invisibilidad para hacer el mal a su alrededor.

Y no. El hecho de que esta figura literaria esté ahora tan vigente no se debe a que este año se haya estrenado la última adaptación cinematográfica (muy libre, por cierto) de la misma novela, dirigida por Leigh Whannell. Tampoco tiene que ver con que estemos viviendo en estos momentos una situación de pandemia mundial que ningún escritor de novela fantástica, tal como H. G. Wells, podría haber imaginado siquiera, en sus mejores momentos.

Este personaje está tan en boga debido a que desde hace unos meses, todas las calles, parques y establecimientos comerciales, se encuentran plagados de hombres invisibles.

Me explico: todos por desgracia, nos vemos obligados a parapetarnos del virus que nos acecha en cada esquina con una mascarilla que nos cubre nariz y boca. Y verdaderamente, para aquel que ha visto alguna vez cualquier cartel de la cinta anteriormente citada del año 1933, o que directamente ha visto la película, la similitud es asombrosa.

La figura literaria a la que nos estamos refiriendo, cuando quería dejar de ser invisible, cubría su cuerpo con ropa, se ponía unos guantes a modo de manos, se vendaba la cara, y se ponía unas gafas de sol a guisa de ojos, consiguiendo así un aspecto prácticamente idéntico al que tenemos todos en la actualidad cuando llevamos la mascarilla. E

ste parecido que hemos desarrollado con el protagonista del libro, ha sido acentuado en estos meses estivales en los cuales nos hemos visto obligados a combinar la mascarilla que ya nos cubre gran parte del rostro, con unas gafas de sol al más puro estilo “hombre invisible”. Solo nos faltan los guantes, pero todo llegará, ya que el invierno está a la vuelta de la esquina y esto no tiene visos de mejorar.

Aquellos que se han molestado en idear la forma de aportar un toque de sofisticación a la mascarilla, y han optado por ocultarla bajo un pañuelo de diseño que la cubre, se han desmarcado claramente del look “hombre invisible” pero han caído en otro tipo de personaje arquetípico, también cinematográfico, aunque perteneciente a otro género, y me estoy refiriendo al western.

En efecto, los de la pañoleta recuerdan a los atracadores de diligencias, o a los bandidos que roban bancos en las películas ambientadas en el lejano oeste. Podrían perfectamente haberse escapado de cualquier filme de John Ford, al más puro estilo La Rosa Púrpura del Cairo (Woody Allen,1985).

Las últimas alternativas para llevar la mascarilla que he visto por la calle, a modo de codera o colgando de una oreja, por su carácter marcadamente inconformista me recuerdan mucho a protagonistas de películas un poco al margen de la ley. Sin duda, Humphrey Bogart en Casablanca (Michael Curtiz, 1942) la hubiese llevado así…