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El Gobierno comete un error de cálculo con los transportistas y pierde la calle

Existe ya el riesgo real de que los supermercados dejen de recibir mercancías y nos encontremos los estantes vacíos, pues muchas industrias han anucniado parones en la productividad, como es el caso de Danone.

El parón de buena parte de los trabajadores autónomos y Pymes del transporte por carretera en España, que cumple hoy ya el octavo día, le está costando al Gobierno perder el pulso de la calle, pues la gente cada día es más consciente de lo que está ocurriendo: que cada día los trabajadores son más pobres y que los problemas de inflación y bajos salarios y una energía electrica completamente desaforada desde el pasado verano, se añade ahora el problema de la subida de otras energías como el gas o el pretóleo, lo que ha terminado por dar la puntilla al sector del transporte.

El campo no es menos, y existen gran cantidad de explotaciones ganaderas afectadas, como por ejemplo, las productoras de leche, que el pasado domingo acuedieron en tropel a Madrid para visibilizar el abandono que el Gobierno de Sánchez ha infringido al campo español en los últimos dos años, ignorando sistemáticamente sus demandas. Todas ellas muy razonables, al igual que lo que están planteando los transportistas.

Sin embargo, el aparato de propaganda gubernamental (con el duopolio de las televisiones regadas hasta arriba con el dinero público) comenzó a descalificar dicho parón tachando a sus impulsores y más tarde a sus participantes de pertenecer a la ultraderecha o incluso ser prorusos. Lo nunca visto antes. Los telediarios y comentaristas televisivos se han cebado con las reivindicaciones legítimas de estos trabajadores que hace unos meses dieron un paso al frente con la pandemia del Covid-19 mientras tenían lugar los encierros ilegítimos de la población, tal y como dictaminó después el Tribunal Constitucional.

Pues bien, el Gobierno socialista se ha quedado solo, tan solo gozan del respaldo de sus socios de Gobierno, Unidas Podemos, en esta cuestión. Un apoyo que en el caso de Marruecos-Sáhara, se lo han retirado. Sánchez fracasa de nuevo y arrastra al país a una gran recesión económica al tiempo que lo condena a una total irrelevancia en el plano internacional. Una moción de censura es lo único que podría sacar a España del bloqueo institucional en el que se encuentra, con diversas de las altas instituciones del Estado sin renovar sus cúpulas desde hace años, por las malas artes negociadoras de un presidente que se olvida de cuál es su puesto constitucional que le corresponde desempeñar.

Sánchez se cree un presidente de una república presidencialista, al más puro estilo Joe Biden. España, sin embargo, es una monarquía parlamentaria y es precisamente en el Parlamento donde deben adoptarse las soluciones para el conjunto de los españoles, también en materia de política internacional. Dar bandazos en estas cuestiones vendiendo además al pueblo saharaui a los marroquíes, es de una enorme vileza moral. La misma vileza y superioridad que muestra con los camioneros españoles, los chalecos amarrillos españoles que están haciendo despertar al resto de la sociedad.

En cuanto los lineales de los supermercados queden vacíos veremos a ver quién tiene entonces el problema, si los transportistas o el Gobierno.