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El conflicto Imperium-Sacerdotium

Descubre en qué consistió el enfrentamiento más potente entre el poder civil y eclesiástico de la Edad Media.

El Papa Gregorio VII lleva a cabo una reforma de la Iglesia llamada “reforma gregoriana” a partir del año 1073, fecha en la que comienza su reinado, que aspiraba a la instauración en la sociedad de una vida conforme al Evangelio. De ahí que se propusiera la erradicación, en primer lugar, de los grandes vicios que ésta sufría.

El Papa prohibió la simonía (que consistía en la compra de cargos eclesiásticos por medio de la influencia o del dinero), el nicolaísmo (el matrimonio o amancebamiento de clérigos), o la investidura laica (prohibía a todos los laicos investir a cualquier miembro de la Iglesia). El objetivo era procurar favorecer la renovación interna de la Iglesia y su fortalecimiento jurídico.

De hecho, el mismo Gregorio VII promulgó una bula titulada Libertas Ecclesiae (la libertad de la Iglesia, en latín) en la que estableció que el papado no debía someterse al Imperio y al mundo laico; y es que el Papa -aunque no era elegido por el Imperio- su nombramiento si había estado sujeto a la aprobación del emperador hasta pocos años antes. Desde entonces, la elección del Papa estará reservada exclusivamente al colegio cardenalicio.

Parece ser, que el Papa también escribió su propio ideario político-religioso, conocido como los Dictatus papae. Un resumen en gran parte los principios de la reforma gregoriana, que había sido iniciada por Hildebrando de Toscana antes de convertirse en el Papa San Gregorio VII.

A partir de entonces, se pone fin al equilibrio de la Alta Edad Media que había regido en las relaciones entre el poder político y el religioso, el temporal y el eterno, simbolizado en la teoría de las dos espadas. Dos poderes complementarios de la potestas (o imperium) y la auctoritas que había regido en Europa Occidental desde la época de los merovingios y carolingios, basado en precedentes romanos. Así, desde Gregorio VII la Iglesia pone fin al cesaropapismo, inaugurado por la práctica política de Carlomagno, a favor del poder universal del papado.

Según los Dictatus papae, la sociedad cristiana es una por la fe. El emperador tendrá que ejecutar del clero y de su monarca absoluto, el Papa, vicario de Cristo. El papado será el único titular legítimo del Imperium, y el emperador quedará como un mero colaborador del Papa, subordinado a éste.

De hecho, Gregorio VII tuvo un enfrentamiento con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (SIRG), Enrique IV, por la cuestión de las investiduras. Este conflicto concluyó en 1122 con la firma del Concordato de Worms , que se pactó entre el Papa Calixto II y el emperador Enrique V. A partir de entonces, la designación de los obispos y del Papa no se verá afectada por la acción del poder civil.