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El cine en la maleta

Durante este paseo más reciente por las calles de Ginebra, he recordado la mítica bañera convertida en sofá, en el neoyorkino apartamento de Holly Golightly. Por Carmen Martínez de la Peña.

 

 

 

 

A Carmen Martínez de la Peña le gustan las películas y las patatas fritas con trufa (lo demás es una tapadera).

El otro día iba paseando por Ginebra. Una ciudad que, por diversos motivos, conozco bastante bien y he visitado en numerosas ocasiones.

Y entre los muchos recuerdos que vinieron a mi mente de viajes anteriores, uno de ellos fue el de la película Desayuno con Diamantes (Blake Edwards, 1961) ya que fue allí donde la vi por primera vez. Quizás sería más esperable que hablara de la primera vez que quise probar una fondue, y de que me indicaron muy amablemente que estábamos en pleno mes de agosto, y que podía sentirme indispuesta si seguía adelante con el plan.

El viaje en el que descubrí Desayuno con Diamantes, fue hace unos años cuando aún existía algo llamado “videoclubs”. Yo tampoco los frecuentaba demasiado, ya que he de reconocer que tenía un buen surtido de películas en casa, pero de vez en cuando me dejaba caer y curioseaba y solía acercarme irremediablemente a la zona de cine clásico. Y eso fue lo que hice con ocasión de aquel viaje a Ginebra: ni paseo en barco por el lago Leman, ni fotos con el chorro de agua, ni excursión bucólica por las montañas. No. Me fui directa al videoclub y alquilé la película. Y la vi tres veces seguidas.

Durante este paseo más reciente por las calles de Ginebra, he recordado la mítica bañera convertida en sofá, en el neoyorkino apartamento de Holly Golightly. Lo bonita que me pareció la canción Moon River, y el incontable número de veces en que la he escuchado desde entonces.

También he de reconocer que siempre he querido leer “Nueve vidas de Paul Varjak”. Una de las secuencias que más me gustó de la película, y sigue estando entre mis preferidas, es cuando Audrey Hepburn para un taxi con un silbido fuerte y atronador.

Llevo años intentando aprender a silbar así. Por lo visto, es cuestión de seguir unos sencillos pasos, ya me he mirado varios tutoriales. Pero no hay manera.

Recientemente he escuchado que Desayuno con Diamantes se encuentra entre las últimas víctimas de la censura cinematográfica y que, por lo visto, han eliminado de la cinta al señor Yunioshi. Para los que no han visto la película, o ya la hayan visto censurada, se preguntarán quien es ese personaje… ¿acaso un narcotraficante? No. Es el clásico vecino que llama a la policía cuando das una fiesta en tu piso, ya pasaba en los años 60. Me alegro de que, por lo menos de momento, no hayan quitado la secuencia del taxi y el silbido, aunque nunca se sabe.