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Cómo lograr una alimentación diaria equilibrada y sostenible con el planeta

El sistema alimentario es el responsable del 21-37% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo.

Consumir productos sostenibles, reducir la ingesta de productos de origen animal, evitar desperdiciar comida, apoyar la agricultura sostenible y consumir productos de proximidad son las claves para cuidar la salud de las personas y la del planeta. Luigi Gratton, médico nutricionista y Vicepresidente del área formativa de Herbalife.

Nutrition, detalla los puntos clave de esta dieta y forma de vida

La agricultura, la ganadería y la pesca son grandes consumidores de recursos como el agua y una gran fuente de emisión de gases de efecto invernadero. Todo ello repercute negativamente a los ecosistemas, al planeta y también a los seres vivos.

Según el Instituto de Salud Global de Barcelona “el sistema alimentario es el responsable del 21-37% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo, utiliza cerca del 70% del agua dulce y es una fuente importante de contaminación del agua”. Pero no solo eso, también este sistema está vinculado con la deforestación y, además, ocupa actualmente en torno a un 40% de la tierra habitable en todo el mundo.

Para la multinacional especializada en nutrición y estilo de vida saludable, Herbalife Nutrition, estas cifras ponen en evidencia la necesidad de un cambio en el sistema por su insostenibilidad. Pero ¿por dónde pasa ese cambio de paradigma?

El médico, nutricionista clínico y Vicepresidente del área de Formación de Herbalife Nutrition, Luigi Gratton, apunta -como lo hacen la OMS, el IPCC, la FAO o el CSIC, entre otras instituciones- a la alimentación sostenible como solución a esta problemática, desgranando los puntos clave para cuidar la salud y la del planeta.

Consumir productos que tengan un menor impacto en el planeta


Consumir productos saludables y nutritivos que tengan un bajo impacto en el planeta se engloban dentro de lo que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) denomina como “dieta saludable sostenible”.

Este tipo de dieta, que pone en el centro sostenibilidad y salubridad, tiene en cuenta factores como recomendaciones internacionales en materia de nutrición, el coste ambiental de la producción y el consumo de alimentos, y la adaptabilidad a los contextos sociales, culturales y económicos locales.

En definitiva, seguir una dieta saludable sostenible consiste en aumentar la ingesta de alimentos de origen vegetal (aquí no solo entran las verduras y frutas, también las legumbres, los frutos secos y los cereales); consumir grasas insaturadas; limitar el consumo de sal; evitar la ingesta de carnes procesadas y los alimentos de origen animal (aquí entran también los productos lácteos y los huevos), etc.

Gratton apuesta por la soja como vía alternativa al consumo de proteína de origen animal. Este producto -se puede encontrar en forma de soja texturizada, tofu, bebidas vegetales, brotes, etc.- es un perfecto sustituto de la carne, necesita menos agua y, menos tierra para su producción y, además, deja una menor huella de carbono en el medioambiente.

Otros sustitutivos de la proteína animal también son los altramuces, los garbanzos, las semillas de calabaza y girasol, los cacahuetes, las habas, el sésamo y el lino, el germen de trigo, las lentejas, el seitán, las alubias, las almendras, los guisantes, los anacardos, los pistachos, las nueces, los piñones, la quinoa, el miso, las avellanas o el brócoli, entre otros.

“Reducir la carne en nuestras dietas y seguir teniendo una alimentación saludable es más fácil de lo que se puede pensar”, sostiene Gratton.

Consumir productos de proximidad o kilómetro cero evita un mayor impacto en el medioambiente. La elaboración de un producto implica la producción, el almacenaje, el embalaje, el transporte, etc. de este. Cuanta más corta sea toda esta cadena, menor será el impacto que tiene el producto en el planeta.

Además, consumir alimentos de proximidad también beneficia a la economía local y al bolsillo -porque suelen ser más baratos-. También, consumir productos kilómetro cero también implica que los ingredientes sean más frescos y sabrosos, ya que no necesitan congelarse o someterse a tratamientos de conservación.

Modelo agrícola más sostenible


La agricultura sostenible busca reforzar y mejorar la agricultura tradicional. Para ello emplea métodos que mantienen la fertilidad y la calidad del suelo, intenta ahorrar energía y reciclar recursos naturales y tiene como uno de sus objetivos principales no contaminar las aguas.

Este tipo de agricultura tiene en cuenta el ecosistema, la conservación de especies y de los espacios naturales y, por todo ello, intentar frenar la degradación de la tierra. La agricultura sostenible no es necesariamente ecológica, pero sí busca ser eficiente y los clientes y las instituciones deberían intentar favorecer este tipo de modelo agrícola cuando hacen la compra.

Evitar desperdiciar alimentos


Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación cada año cada español desperdicia en torno a 31 kilos de comida. Tirar alimentos implica que toda la cadena de producción y consumición de recursos no ha servido para nada. Desde el agua hasta la energía o la tierra y el CO2, todo se pierde por no aprovechar y consumir ese alimento.

Para evitar este desperdicio es aconsejable planificar bien las comidas y la compra antes de comprar; no llenar el plato con más comida de la que se vaya a consumir; y no tirar alimentos simplemente porque tengan imperfecciones, sobre todo en el caso de las frutas y las verduras, ya que esto no indica que estén en mal estado.

Individuos y empresas, dos actores esenciales para un mundo más sostenible
Adoptar una mentalidad sostenible e inculcar cambios en los hábitos de la sociedad para proteger el medioambiente no se consigue de la noche a la mañana.

Sin embargo, a nivel individual, se pueden adquirir pequeños gestos y rutinas sostenibles como usar bolsas de tela en vez de plástico, reciclar y reutilizar en vez de comprar y consumir más productos de origen vegetal; todos ellos con un gran impacto en el medio ambiente.

A nivel global, las exigencias van más allá, pues se requiere un compromiso por parte de los organismos y las compañías para que los beneficios sean mayores.