¿Cómo es tu cráneo?

Carlos Andreu es Speaker y conferenciante. Está casado con Alicia y es padre de seis hijos: Alvaro, Leyre, Marta, Almudena, Mariola e Inés.

Esta semana, aunque suene a la “vieja normalidad”, me he metido ocho aviones y dos trenes entre pecho y espalda. Algunas clases, conferencias y trabajos de consultoría me han llevado por Madrid, Cataluña, Valencia y Alicante.  Al aterrizar en el aeropuerto de El Prat, me abordaron unos jóvenes periodistas que estaban preguntando a los viajeros su impresión sobre la situación y cómo esta estaba afectando a la manera de viajar. Congeniamos bien y estuvimos charlando un rato divertido. Al final el reportero me preguntó que qué era lo que más había que usar en este momento, si la cabeza o el corazón, y me acordé de esta historia que me contaron hace tiempo.

Al reformar el suelo de una pequeña ermita italiana se encontraron tres cráneos. El sacerdote encargado de la capilla tuvo la curiosidad de saber cuál de los tres cráneos correspondía a la persona que hubiera sido mejor en vida, para poderle dar sepultura digna y definitiva en una posición más preferente que a las otras dos.

Llamó a un amigo que se decía experto en estos temas y estuvo estudiando los cráneos en solitario un rato. Luego volvió junto al sacerdote y le dijo: “Este es el cráneo de la mejor persona”. El sacerdote, sorprendido, le preguntó cómo lo había sabido y este le contestó:

“Mira, cogí uno de los cráneos y le metí un hilo por el oído y salió directamente por el otro, por lo que supe que se trataba de una persona que lo que oía le entraba por un oído y le salía por el otro”.

“Hice lo mismo con el segundo oído y allí vi que el hilo entraba por el oído y salía rápidamente por la boca, lo que me permitió deducir que era una persona que contaba inmediatamente todo lo que escuchaba, sin pensar si quiera si podía hacer daño a otros o no”.

“En el tercer cráneo, al meter el hilo por el oído me di cuenta que bajaba directamente hacia abajo, en dirección al corazón, por lo que supuse que esta persona escuchaba con atención y amor. Así que era la mejor persona y la más sabia de las tres”.

La luz de la mente siempre es menos intensa que la del corazón. Ambas son necesarias, porque el corazón ha de estar regido por la claridad de la mente. Poner el corazón en lo que se piensa, se hace y se dice es la piedra filosofal para sobrevivir en este momento.

Las emociones positivas reportan un contento interior que el simple pensamiento no puede desencadenar; y las emociones negativas generan un abatimiento que a veces el pensamiento no puede evitar.

No es posible sentirse dichoso ni sosegado si se es víctima de emociones insanas como la envidia, el miedo, el odio, los celos o el afán de venganza. Así que si mantenemos un corazón humano y feliz y pasamos por él toda nuestra vida seremos capaces de mantenernos tranquilos entre los agitados, ecuánimes entre los desequilibrados y amorosos entre los que odian.

¿Hacia dónde iría el hilo si lo metemos en tu oído?

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