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`Broadway Danny Rose´ o “No act is so private that it does not seek applause”

Broadway Danny Rose (1984) es una de esas películas de Woody Allen que no te deja indiferente.

Broadway Danny Rose (1984) es una de esas películas de Woody Allen que no te deja indiferente. Trata de un representante de artistas que intenta lanzar la carrera de varios clientes variopintos que actúan ante el público con diferentes números de entretenimiento. Rodada en blanco y negro, los temas que subyacen son los de siempre, la protagoniza el propio director junto a Mía Farrow y cuenta con una excelente banda sonora además de un ritmo trepidante.

El caso es que la otra noche, decidí volver a verla tranquilamente mientras me comía unos nachos con salsa de tomate picante. Mi idea era ver algo un poco ligero e intrascendente, que no me hiciera pensar demasiado, más allá del miedo a la muerte y el sentido de la vida,  ambos temas típicamente woodyallenianos y entretenidísimos.

Y de repente, en una de las secuencias iniciales de la película observé un detalle curioso que me llamó la atención. De hecho, no sé si el nacho que me estaba llevando a la boca en ese preciso instante se me partió en la mano.

Observé que mientras Woody Allen disertaba sobre lo divino y lo humano, en un segundo plano se podía atisbar un marco que contenía una frase. Aunque estaba claro que ese detalle no era el tema central de la secuencia, claramente el realizador lo había puesto allí por algo. Así que muy intrigada, intenté leer rápidamente lo que ponía, y al frase era la siguiente: “No act is so private that it does not seek applause” lo cual traducido al castellano sería algo así como “Ningún acto es tan privado que no busca aplausos” y la frase es de John Updike. Me pareció genial.

Observé que mientras Woody Allen disertaba sobre lo divino y lo humano, en un segundo plano se podía atisbar un marco que contenía una frase: “No act is so private that it does not seek applause”

Reconozco que a partir de ahí me perdí parte del desarrollo posterior de la película por haberme quedado dándole vueltas. Mi idea de ver una cinta intrascendente que no me hiciera pensar demasiado se había ido al traste con mucha facilidad.

Ciertamente, se trata de una afirmación muy en línea con la necesidad del ser humano de aprobación y reconocimiento por todo lo que dice o hace. Parece que somos lo que hacemos, pero si nadie nos lo aplaude, o por lo menos reconoce, entonces, ni hemos hecho, ni somos.

Aunque Woody Allen como es lógico, está muy familiarizado con la cultura americana y sus valores, claramente no conoce el refranero español y en particular aquel de “Ruin consuelo, el aplauso de los necios” porque, de saber de su existencia, probablemente, hubiera enmarcado esto. Pues eso. Que igual, si van a aplaudir los necios, sería mejor que el acto fuera más privado si cabe. No todo el reconocimiento que recibimos por nuestros actos es necesariamente interesante, o nos aporta algo.

En fin, es increíble lo que dio de sí la frase enmarcada en esa secuencia de Broadway Danny Rose (1984). Del resto de la película, ya, ni hablo.