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Amazon se une a la censura y deja de prestar sus servicios de alojamiento web a la red social Parler

Nueva vuelta de tuerca del pensamiento progre. El gigante tecnológico se une así a Facebook, Twitter, Google y Apple.

Parler está de moda. Y no precisamente entre las tech más importantes. Facebook-Instagram, Twitter, y más recientemente Google y Apple han decidio mover ficha y censurar los contenidos del presidente Donald Trump y de sus seguidores. Amazon se une a la moda y deja de prestar su alojamiento web a Parler, el último reducto de los trumpistas y de aquellos que no comulgan con el establishment de lo políticamente correcto y con los postulados de la izquierda más radical.

Miles de personas se han lanzado estos últimos días a abrir nuevos perfiles en Parler, ya que Twitter no admite comentarios que vayan en la línea de criticar a Joe Biden y su pucherazo electoral, o no condenen el asalto de los partidarios de Trump al Capitolio, para tratar de evitar que la cámara refrendara la elección del Colegio Electoral. Si no estás con ellos, estás contra ellos, así de simple.

Por esa razón, los ejecutivos de Parler se muestran sorprendidos de que las grandes tecnológicas les hayan señalado estos días y no sólo eso, les estén sometiendo a una censura brutal. De hecho, esta red social, muy parecida a Twitter, ha visto incrementado exponencialmente su número de usuarios a raíz de toda esta polémica. Parler se ha convertido en el último reducto de la libertad de expresión en el mundo «libre».

No hay que olvidar, que todo esto lo empezó el CEO de Facebook e Instagram, Mark Elliot Zuckerberg, a quién rápidamente se unió el CEO de Twitter, Jack Dorsey, y más tarde Google y la mismísima Apple. La última, como decimos, ha sido Amazon, la compañía que dirige Jeff Bezos.

Parece ser que a estos multimillonarios no le parece bien que la gente hable sin tapujos de lo que está pasando y puedan manifestar líbremente sus opiniones en público. Por eso ha dado órdenes para que sus servidores dejen de albergar a Parler a partir de la medianoche de este domingo.

Hace poco tiempo, en esta misma línea, comenzó a actuar YouTube, a quien tampoco le gusta que los ciudadanos critiquemos la ineptitud de nuestros políticos y de las grandes organizaciones supranacionales en su gestión de la pandemia del coronavirus.

De hecho, es famoso el caso en España de la censura al canal de YouTube llamado «Estado de Alarma», que dirige el periodista Javier Negre.

Por tanto, la censura no es que la estén aplicando de nuevas y que sólo lo hagan contra ciudadanos estadounidenses, próximos al trumpismo. No. Aplican la censura contra todo el que se mueve y mantiene pensamientos contrarios a todo lo que representan estas grandes empresas tecnológicas, impulsoras del globalismo a nivel planetario.

El globalismo no es la globalización

Conviene distinguir que cuando hablamos de globalismo hablamos de un fenómeno diferente a lo que es la globalización. La globalización, en líenas generales, ha traído gran parte del progreso actual al interconectarnos y acercarnos a todos, haciendo posibles grandes mercados globales donde las naciones se unen en torno al comercio, fundamentalmente. Comercio y turismo son dos de las grandes industrias vinculadas a este fenómeno recientemente, que tiene que ver con la generalización de los medios de transporte y de los avances en materia de telecomunicaciones.

Pero no, el globalismo no es esto. El globalismo busca la desaparición de los estados nacionales, de vaciar su contenido, favorieciendo la cesión de la sobernanía y descafeinar sus rasgos propiamente culturales, en pro de la creación de nuevas sociedades multirraciales, sin ningún tipo de diferenciación, a lo largo y ancho del planeta. De ahí que la agenda globalista fomente la inmigración legal e ilegal, y se muestre encantada con la invasión islámica en Europa, por ejemplo.

Globalismo es tratar de poner freno a la familia, como célula básica de la organizacion de la sociedad, y mecanismo de protección del individuo, además como lugar privilegiado para la transmisión de la vida y la educación de los hijos.

Globalismo es tratar de imponer agendas globales, a través de organizaciones supranacionales como las Naciones Unidas o la Organizacion Mundial de la Salud, para eliminar a grandes bolsas de población de países en vías de desarollo, ya que según argumentan los recursos son limitados y no podemos dejar que vengan al mundo más pobres desgraciados. Los planes de control de la población van por esta vía y se explican así.

Y no se le ocurra preguntar al Ministerio de la Igualdad por esto último, sino quiere dar con sus huesos en la cárcel, por homófobo, o por franquista. Usted mismo.

De igual modo, la ideologia de género busca someter a la población a un control de la natalidad sin precedentes, tratando en primer lugar de volver a una gran parte de la población homosexual. ¡Y todo ello, mediante postulados libremente aceptados por esas personas, quienes abrazan la homosexualidad o el cambio de sexo como una bendición en sus vidas!

Por último, la negación de la dimensión espiritual del ser humano es negada categóricamente por los defensores de esta agenda globalista, que trata de impregnar de un tufillo espiritualista todo lo que toca, elevando a la categoría sagrada a las vacas, como en la India. Y es que comer vaca, o cabra, o pollo es un atropello a la dignidad de los animales por no mencionar la huella medioambiental que conlleva el consumo de carne en los humanos.

En fin, todo esto es globalismo. ¿Le suena? Seguro que sí.