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A Europa no le interesa un enfrentamiento con la Federación Rusa, ni económica ni políticamente

Rusia no es ejemplo de país democrático y el comprotamiento ególatra de Putin dificulta las relaciones en política exterior, pero estamos condenados a entendernos con Rusia.

Parace cada vez más claro que el orgullo ruso está herido, o mejor dicho, el orgullo de su premier, el mandamás de la Federación, Valdimir Putin. Y esa parece ser la causa del conflicto con Ucrania. Europa y EE.UU. han ignorado desde hace mucho tiempo a este líder europeo, que no puede llamarse democrático precisamente.

Ayer mismo, el ministro de Economía de Francia, Bruno Le Maire (en la foto inferior), dijo lo que ningún burócrata de Bruselas está diciendo y sin embargo todos piensan: que los estadounidenses no tendrán que soportar las mismas consecuencias de un conflicto en Ucrania que los europeos, especialmente en términos de precios de la energía. O dicho de otra forma, a Europa no le interesa mover ficha por más que Ucrania pueda sentirse amenazada por la que fue antaño su «madre-patria».

Es decir, a Francia y al resto de países como Alemania les interesa el mantenimiento del status quo en la región, es decir, que Ucrania no entre a formar parte de la Unión Europea ni de la OTAN. Lo contrario sería visto por Putin como un intento de interferir en la política exterior rusa y una amenaza para su seguridad.

No hay razón para que Ucrania entre a formar parte de la UE ni de la OTAN, y menos si con esa decisión un país tercero, en este caso el más grande del mundo en extensión, y a la sazón una de las tres potencias nucleares más importantes del mundo y el proncipal productor de gas continental, sino la primera, afirma claramente que vería comprometida su seguridad en el caso de que la OTAN dicidiera expandirse aún más hacia el este hasta hacer frontera con la propia Federación Rusa.

No sería prudente, no sería razonable. Pues bien, la actitud de nuestros socios estadounidenses parece moverse en un sentido diametralmente opuesto. Washington quiere ver expandida la OTAN hasta Rusia, le trae sin cuidado las necesidades energéticas del continente, y quiere seguir ostigando a Putin de forma irracional.

Biden parece dispuesto a emplear la fuerza, pero no existen tropas estadounidenses suficientes en Europa del Este como para hacer frente a la amenaza rusa, que en caso de invasión, tomaría Kiev en menos de una semana. Literlamente no daría tiempo a reaccionar a los países de la Alianza Atlántica.

El coronel Baños, experto en seguridad y defensa, quien defiende incluso la neutralidad de España en el conflicto

En esta línea se han manifestado varios expertos en seguridad y defensa, como el coronel Baños, quien defiende incluso la neutralidad de España en el conflicto y recuerda además, en sus intervenciones públicas en televisión, que enviar la fragata Blas de Lezo a aguas del conflicto no es un gesto inteligente del Gobierno español, que podría no haberse manifestado en la cuestión con tanta claridad, respaldando a Joe Biden.

Es cierto que España no pinta nada en la cuestión ucraniana. Y no es menos cierto que la Unión Europa y la OTAN tampoco. Se trata de un conflicto alimentado de forma unilateral por EE.UU., que debilita a Europa y hace que su parte occidental rompa relaciones y con la oriental. Una quiebra en las relaciones que no beneficia ni a rusos ni al resto de los europeos. Máxime cuando China es la verdadera amenzada para todo Occidente. Más nos valdría a los dos bloques, el americano y el europeo, trabajar juntos para servir de contrapoder el bando chino.

Lo razonble sigue siendo apostar por la vía diplomática, defender la soberanía de Ucrania frente al Kremlin pero sin amenzas con la OTAN, reconocer a Putin en la mesa de diálogo y afianzar y aumentar las relaciones con Rusia, poniendo fin a las sanciones económicas e iniciando una nueva etapa en las relaciones multilaterales, que provean a Europa de gas ruso en el corto plazo, y sigamos tratando de impulsar las reformas internas del país, para que llegue a disfrutar de una verdadera democracia y se respeten los derechos humanos.